Desde siempre, los grupos étnicos culturales de África, Asia, América, Oceanía y Europa han tenido objetos rituales producto de la necesidad de buscar una protección espiritual, o simplemente homenajear lo desconocido (la inmensa fuerza de la naturaleza), rendir tributo, mostrar su respeto, crear rituales y socializar su obra.
Con el pasar del tiempo y más allá de su simbología, estos elementos son expuestos por el hombre como verdaderas creaciones incorporadas a su diario vivir con criterios estéticos muy particulares.
Este intercambio cultural abre paso a una redefinición y a la utilización de piezas con influencias étnicas dentro de la decoración.
Así, encontramos una cuchara de origen Zulú, con finalidad funcional, de la que nace el Bastón mujer cuchara y el Bastón hombre cuchara, protectores nutricios de la familia.
Los Tótem, los Bastones Guardianes, mujer y hombre, de carácter chamánico, protectores de la pareja y su hogar, con origen en las cultura africanas.
Estos bastones representan un concepto estético de pureza y fuerza, sus líneas finas y alargadas les da un aspecto Giacometiano.
Las piezas muestran una cultura marcada por la religiosidad, la mitología y los rituales.
Entre estos últimos también destacan los funerarios, que ofrecían la vida más allá de la muerte; los de fertilidad, que aseguraban las cosechas, la reproducción de los animales y de los seres humanos, y los ritos cósmicos, dedicados a las divinidades astrales para asegurar el orden universal.
Todos éstos son utilizados hoy con un propósito decorativo, pero su esencia mítica sigue presente.