Los líderes latinoamericanos y caribeños convocados por Luiz Inácio Lula da Silva en un espectacular balneario brasileño han hecho los "deberes" en dos jornadas maratonianas que no han impedido a algunos abrirse un hueco para darse un chapuzón o un breve paseo por la playa.
Lula ha reunido en la Costa do Sauípe, uno de los principales polos turísticos del noreste del país, a los jefes de Estado y de Gobierno de América y el Caribe para mantener el primer encuentro de estas características sin el auspicio de Europa o Estados Unidos.
Sus vecinos han respondido a la convocatoria del brasileño, que incluía nada menos que cuatro Cumbres en dos días, y han aprovechado para cerrar agendas propias con un sinfín de bilaterales.
Una tarea harto difícil en un paraje de extraordinaria belleza, con un calor sofocante que hace casi irresistible la tentación de escaparse al mar o tumbarse bajo las palmeras.
Como dijo la presidenta argentina, Cristina Fernández, para justificar su retraso a la sesión inaugural de la cita brasileña: "Lula nos convocó a un lugar que no da muchas ganas de trabajar".
"Es un lugar lindísimo, pero la verdad no es el lugar más adecuado para que genere ganas de trabajar", agregó la mandataria, que hoy se apresuró para no llegar tarde a la última jornada de la cumbre.
Los más madrugadores fueron la chilena Michelle Bachelet y el paraguayo Fernando Lugo, que se levantaron casi al amanecer para darse un baño -ella- y un paseo -él- en la espectacular playa del complejo turístico donde se celebra la cumbre, convertido en estos días en una auténtica fortaleza militar.
Más de 3.000 miembros de las fuerzas de seguridad brasileña -visiblemente armados- controlan la zona, vigilada por una fragata militar desde la costa y por decenas de helicópteros que sobrevuelan continuamente el área hotelera.
Las medidas de seguridad son tales que hasta un miembro de la delegación cubana, que presume de desplegar los mayores operativos, se quejaba el martes de los excesivos controles.
Pero, pese a ello, esta ha sido, probablemente, la cumbre en la que la prensa ha tenido más acceso a los líderes latinoamericanos desde hace años.
En contraste con la escasa información oficial facilitada por los anfitriones brasileños, no han sido pocos los presidentes que han accedido a hablar con los periodistas en los vestíbulos de los hoteles.
En pasillos han hablado desde el cubano Raúl Castro, la estrella debutante de la cumbre, hasta el venezolano Hugo Chávez, que, como es habitual, ha acaparado la atención de los medios y ha vuelto a hacer gala de su conocida incontinencia verbal.
El venezolano ha sido, además, el único que no se ha quitado de encima el uniforme verde olivo a pesar del intenso calor.
La vestimenta militar de Chávez contrasta con la informalidad de los atuendos de sus colegas, que optaron hoy, en su mayoría, por la tradicional guayabera.
Chávez, que el martes llegó tarde a la primera de las cumbres, la de Mercosur -quizá porque el parlamento brasileño aún no da luz verde a la incorporación plena de Venezuela a este organismo multilateral-, no se resistió hoy a bromear con el cubano Raúl Castro para demostrar que mantiene buena sintonía con el hermano de su mentor, Fidel Castro.
Tampoco pudo evitar alargarse innecesariamente en el plenario repitiendo sus ya conocidas menciones a Bolívar y José Martí, para desesperación de Lula, que no cesó de pedir a sus colegas que se ajustaran a los tiempos previstos en sus intervenciones.
Precisamente Lula cedió el martes el "martillo de mando" de la presidencia de Mercosur a Lugo, quien ya actuó como nuevo líder del organismo, al clausurar la reunión con un leve "martillazo".
El ambiente cordial en el que se ha desarrollado la reunión ha permitido a los presidentes guiños y bromas, aunque el "zapatazo" que le lanzaron al estadounidense George W. Bush el domingo en Irak se ha impuesto como el blanco de muchos comentarios sarcásticos.
Chávez ha sido, como era de esperar, el más ácido, al considerar el "zapatazo" como la expresión de la "dignidad de un pueblo".