El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, irá el encuentro del Grupo de Río decidido a hacer de la Cumbre de América Latina y el Caribe (CALC) la plataforma para un nuevo organismo regional "sin tutelas" de las grandes potencias.
La CALC tuvo su primera cumbre en Brasil, en diciembre del 2008, cuando Lula convocó a todos los mandatarios de América Latina y el Caribe para una inédita cita regional sin la presencia de Estados Unidos y Canadá y otras naciones ajenas a la región.
La intención de esa convocatoria de Lula fue sentar en una misma mesa de debates a todos los líderes latinoamericanos para discutir "sin tutelas", como dijo entonces, la construcción de una agenda propia de desarrollo, basada en la cooperación para el progreso.
En el balneario mexicano de Cancún, junto con la Cumbre del Grupo de Río, se celebrará el segundo encuentro de líderes de la CALC, en el que una de las propuestas apuntará a la creación de un nuevo organismo regional, exclusivamente latinoamericano.
Si esa meta se alcanza en Cancún, Lula vería reforzado el papel de gran líder latinoamericano que le han endosado en medio mundo y también vería nacer al que sería el "segundo hijo" de sus esfuerzos por volcar a Brasil hacia América Latina.
El primero fue la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), que Lula propuso y porfió para crear a pesar de las críticas que generó el proyecto, por la superposición de mecanismos de integración que ya existe en la región.
Pese a las dudas que había hace dos años, cuando finalmente fue constituida, la Unasur ha generado su propio espacio, aunque hasta ahora limitado al diálogo político, sin llegar a proyectarse aún como una plataforma económica y comercial capaz de fusionar al Mercosur con la Comunidad Andina, como era la idea inicial.
Pese a sus limitaciones, la Unasur ha servido para sentar en una misma mesa a líderes distanciados políticamente y hasta envueltos en serios conflictos bilaterales, como el colombiano Álvaro Uribe y el venezolano Hugo Chávez.
Aún con los abismos que existen en Suramérica entre los países alineados en la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA) que impulsa Chávez, los que abrazan el progresismo pragmático de Lula y los claramente conservadores, en la Unasur se han creado espacios de consensos mínimos, que han suavizado algunos conflictos.
Ese mismo horizonte, pero ampliado a Centroamérica, el Caribe y México, es el que vislumbra la diplomacia del Brasil de Lula, que propone una visión despojada de ideologías y centrada en desarrollar la cooperación regional para reducir los abismos sociales.
Brasil, de hecho, ya lo pone en práctica y mantiene planes de cooperación con todos los países de América Latina, sin distinción de tendencias políticas, y siempre de la mano con un nada disimulado interés de expandir sus fronteras comerciales y de negocios.
Lula no oculta que una de sus metas es la "internacionalización" de las empresas privadas y públicas brasileñas, que con el apoyo financiero del poderoso Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) operan hoy en casi todos los países latinoamericanos.
Desde el 2003, cuando Lula asumió el poder, ese banco de fomento estatal ha aprobado préstamos para empresas brasileñas que operan en diversos países de América Latina por un total de 15.600 millones de dólares, y para este año tiene previsto liberar nuevas líneas de crédito, por cerca de 2.600 millones de dólares.
A ese poderío económico, Lula ha sumado su carisma y una intensa agenda de viajes por América Latina y el Caribe que ha incluido casi todos los países de la región, incluso varios que nunca habían recibido a un presidente brasileño, como son los casos de Costa Rica, El Salvador, Honduras y Jamaica, entre otros.