El entrenador del Corinthians, Mano Menezes, aceptó hoy la invitación de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) y se convirtió en el nuevo seleccionador de Brasil, en sustitución de Dunga.
"Acepto la invitación que me hizo el presidente (de la CBF) Ricardo Teixera", dijo Menezes en una rueda de prensa después de dirigir un entrenamiento de su equipo.
Menezes fue la segunda opción de la CBF y tan solo le ofrecieron el cargo el viernes, después de que el técnico del Fluminense, Muricy Ramalho, declinase la invitación de dirigir la selección por el veto de su club a rescindir su contrato.
"Admiro a Muricy (Ramalho). No tengo que analizar los porqués de su rechazo. Yo estoy muy feliz y orgulloso de aceptar un trabajo con tanta responsabilidad", afirmó.
El nuevo seleccionador, que fue interrumpido en su discurso por varios jugadores del Corinthians, que le felicitaron, abrazaron y aplaudieron, resaltó que "a la mayoría de técnicos les gustaría" estar en su lugar y dijo que explicará sus planteamientos tácticos a partir de la semana que viene.
Menezes asumirá sus funciones de forma inmediata y ofrecerá su primera convocatoria el próximo lunes, de cara al amistoso que Brasil jugará ante Estados Unidos el 10 de agosto en Nueva Jersey.
Tras ofrecer el cargo a Menezes, la CBF explicó en un comunicado que durante el Mundial de Sudáfrica se elaboró una lista con tres técnicos, que todos ellos compartían un perfil del agrado del organismo.
El presidente del organismo aseguró en un comunicado que confía en que Menezes pueda guiar a una "renovación inmediata" de la selección brasileña algo que, en su entendimiento, debe ser realizado de forma "paulatina".
Teixeira resaltó la "trayectoria de equilibrio" de los equipos que ha dirigido, entre los que citó el Gremio y el Corinthians, y destacó que ha sabido aprovechar y lanzar a jóvenes jugadores.
En su currículo, Menezes cuenta con tres campeonatos regionales de Río Grande do Sul, uno con el modesto Guaraní y otros dos con el Gremio, uno de São Paulo con el Corinthians y una Copa de Brasil con este mismo equipo.
Además de esos títulos, consiguió subir al Gremio a la primera división en 2005 y conducirlo a la final de la Copa Libertadores de 2007, que perdió con el Boca Juniors, y después también logró el ascenso con el Corinthians en 2008.
Mano Menezes, una bala en la recámara a prueba de Maracanazos
Mano Menezes es un profesional cabal y abnegado, curtido en banquillos sometidos a mucha presión, que hoy recogió el testigo de la selección de Brasil con aire flemático, sin dejarse intimidar por ser la segunda opción de la Confederación Brasileña ni por el fantasma de un nuevo Maracanazo en 2014.
Este hombre sereno e impasible promete que no le temblará el pulso para borrar el recuerdo de la fatídica final del Mundial de 1950 que Brasil cedió en casa ante Uruguay, que perdura en el imaginario nacional a pesar de las cinco estrellas bordadas en la elástica Canarinha.
El celo profesional, la entrega y el compromiso de Menezes se pueden ilustrar con la actitud que tuvo en la última jornada de la Liga de 2007, cuando dio prioridad a los intereses de su equipo de aquel entonces, el Gremio, sobre los del Corinthians, su adversario en ese partido y con el que ya había firmado un contrato en secreto.
Aquel día mandó a su equipo atacar con arrojo para optar a una plaza en la Libertadores. Obtuvo un empate 1-1 que a la postre fue insuficiente para las aspiraciones del Gremio y condenó al descenso a un Corinthians al que se uniría esa misma semana.
Entonces, no le arredró el reto de devolver al Corinthians a la elite del fútbol brasileño, puesto que ya había desempeñado el mismo cometido con el Gremio, al que catapultó de la segunda división a una final de la Libertadores en un año y medio.
Estos episodios muestran la garra y competitividad que marcan a sus equipos, un perfil que claramente buscaba para la selección la CBF, que antes que a Menezes, le ofreció el puesto a Muricy Ramalho.
Oriundo de Passo do Sobrado (Río Grande do Sul) y fiel representante de la espartana escuela de técnicos del sur de Brasil, Luiz Antonio Venker "Mano" Menezes está lejos de ser un esteta.
Con él en el cargo, la consistencia defensiva, el orden y la disciplina continuarán siendo los emblemas de Brasil en los próximos cuatro años.
Esto no implica que vaya a seguir los dictados de su coterráneo y más inmediato predecesor, Dunga, quien desertó en Sudáfrica del juego bonito, puesto que Menezes es un estudioso del fútbol, que sabe explotar el talento de sus jugadores, escudriñar sus adversarios y adaptar la táctica durante los partidos.
Tenaz y pragmático, exprime al máximo el elemento sorpresa y se ha servido en varias ocasiones de artimañas como mentir acerca de sus planteamientos para despistar a los técnicos rivales.
Licenciado en Educación Física, prepara sus tácticas hasta la extenuación en concentraciones interminables. "No creo en amuletos, sí en el trabajo", es una frase que ha salido de sus labios y que resume su talante.
En el trato con los jugadores es abierto y dialogante, pero hace respetar la jerarquía, no tolera indisciplinas ni concede privilegios, ni siquiera a una "vaca sagrada" como Ronaldo.
A pie de campo es explosivo, un líder que grita y da órdenes con vehemencia, pero fuera de la cancha se serena y nunca responde con una salida de tono, lo que seguro agradecerán los aficionados y periodistas que aguantaron los desaires del intempestivo Dunga.
En el trato con los forofos es atento, cercano y moderno. Fue el primer entrenador de Brasil en abrir una cuenta de Twitter, que actualiza a diario y siguen 1,4 millones de personas.
En su currículo aparecen pocos equipos, lo que es precisamente su mejor carta de presentación, puesto que suele terminar sus contratos y no da motivos para que lo despidan a mitad de la temporada, toda una excepción en Brasil.
Profesional desde 1997, a sus 48 años ha facturado tres ligas regionales de Río Grande do Sul, una de ellas con el humilde Guaraní, su primer equipo, y otras dos con el Gremio. Con el Corinthians ganó en 2009 el campeonato de São Paulo y la Copa de Brasil.