Si se nace negro, se tiene un 90% de probabilidades de ser pobre, en Panamá y el resto de América Latina. Es este el planteamiento sobre el que la escritora Mariblanca Staff Wilson basa su libro "Género, Discriminación Racial y Legislación en Panamá", presentado recientemente.
Y es que ese es el punto. Los afrodescendientes se sienten excluidos, "económica y socialmente", a pesar de que derramaron "sangre, sudor y lágrimas" como parte de la mano de obra durante la construcción del Canal de Panamá.
Staff asegura que los afrodescendientes enfrentan inequidad en cuanto al acceso e igualdad de derechos y oportunidades, falta de acceso a espacios de toma de decisiones, ausencia de políticas públicas efectivas que garanticen un pleno ejercicio de sus derechos humanos. Todo se resume en una vida marginada y de pobreza.
No obstante, los afropanameños cuentan con un marco legal que les brinda protección, pero también existe un gran desconocimiento de la población acerca de sus derechos cómo, cuándo y ante quién ejercerlos, aunado a la falta de capacitación de los funcionarios que deben interpretar y aplicar las leyes, y con perspectiva de género.
En pleno siglo XXI no han cesado los rechazos en las escuelas, centros de diversión o sitios públicos. "Hay discriminación y eso no puede negarse", coinciden varios de los consultados por El Panamá América.
El fenómeno ha olvidado edades. Hoy día la discriminación racial no la viven sólo los adultos y jóvenes de esta etnia, sino los niños que asisten a las escuelas.
Alberto Barrow, vocero del Comité Panameño Contra el Racismo, recordó que hace un año recibió una denuncia en donde una madre le manifestaba que su acudida había sido objeto de racismo, todo gracias a un peinado.
La situación causó extrañeza en la denunciante, manifestó Barrow, ya que su hija se peinaba con trenzas y extensiones desde hacían tres años, sin mayor problema, además su hijo cursó todos sus estudios primarios en ese plantel y nunca recibió copia de algún reglamento que indicara que las niñas no podían asistir a clases peinadas de esa forma.
La variante este año, decía la madre, es que sorpresivamente le enviaron una nota donde le hacían saber que debía quitarle las extensiones a la niña.
Belinda de Richards, la acudiente, considera que la acción es simplemente "una violación a los derechos humanos".
Otra joven que vivió una experiencia similar a la de Richards y su hija, fue Valerie Jordan. Su caso recorrió los medios de comunicación local hace unos años.
El viernes de 31 de mayo del 2002, Valerie, en compañía de unos amigos, se dirigió a una discoteca de la localidad. El gerente general no le permitió entrar, en medio de malos tratos y humillaciones, y sin justificación alguna. Lo mismo le ocurrió a Jatnael Tejana, quien iba con Valerie en aquella ocasión, y curiosamente eran ellos los únicos dos de raza negra que estaban en fila para ingresar al lugar.
Al preguntarle al seguridad de la discoteca éste señaló "nos reservamos el derecho de admisión", y ustedes no tienen VIP, situación que asombró a Jordan, ya que sus amigos habían ingresado sin VIP.
Manuel Villaverde, otro afrodescendiente, atravesó circunstancias similares ya que desde niño le tocó luchar, debido al color de su piel porque algunas personas mostraban y "muestran aún" intolerancia.
A pesar de esas barreras discriminatorias, Villaverde ha llegado a ocupar cargos importantes en el mundo cultural tales como director del Museo Afroantillano y el Museo Antropológico Reina Torres de Araúz.
Para Villaverde existe discriminación racial, pero "disimulada". A él por ejemplo, le sucede que cuando entra a las aulas de clase los estudiantes le preguntan "¿usted es el profesor?" con evidente asombro, como esperando a una persona de tez blanca.
Una vez fue a una biblioteca y en los predios un seguridad le dijo "señor salga que aquí no se permite vender.
Los afropanameños tienen más de 500 años de presencia y contribución al desarrollo nacional.
Es por ello, señaló Alberto Barrow a El Panamá América, que fue elaborada una plataforma política en donde se enumeran las herramientas de organización a partir de las cuales se coordinarán las acciones y actividades de los afropanameños a lo largo y ancho de todo el país.
De acuerdo con Barrow, a través de la plataforma se exigirá la inclusión en el sistema nacional, de indicadores para el desarrollo, así como el hecho de que en los estudios socioeconómicos que se efectúan en el país aparezcan representados los afropanameños.
Los afrodescendientes plantean también que se haga efectivo el reconocimiento de las tierras ancestrales ocupadas tradicionalmente por afropanameños de las que fueron despojados por diversas circunstancias.
Un punto de la plataforma es diseñar estrategias para eliminar toda forma de discriminación, exclusión e inequidad con respecto a género, etnia, edad y discapacidad. Por otro lado, solicitan la legislación y reglamentación del voto de los panameños en el exterior, así como la aprobación del anteproyecto de ley "mediante el cual se dictan medidas para promover la igualdad de oportunidades y de acceso al mercado laboral en la República de Panamá, eliminando prácticas discriminatorias".
Marcados por la pobreza
La Convención sobre la Eliminación de todas las normas de Discriminación contra la Mujer, también ratificada en Panamá en 1981. En la esfera local, la Constitución Política en su artículo 19; la Ley 4 de 29 de enero de 1999 (igualdad de oportunidades para las mujeres); Ley 9 de 30 mayo de 2000( declara el 30 de mayo de cada año, día cívico y de conmemoración de la etnia negra); Ley 16 de 10 de abril de 2002 (ley antidiscriminatoria).