La estadounidense Marion Jones ha pasado en sólo cuatro años de ser la reina de los Juegos de Sydney, la primera mujer que consiguió cinco medallas en una sola edición, a un modesto quinto lugar en la única prueba para la que obtuvo plaza olímpica, el salto de longitud.
Tatyana Lebedeva, Irina Simagina y Tatyana Kotova barrieron con las tres medallas para Rusia, y Marion Jones, que saltó 6,85 con viento favorable de 3,1 metros por segundo, aún se vio superada también por la australiana Bronwyn Thompson.
El periodo comprendido entre los Juegos de Sydney y los de Atenas, la Olimpiada número 28, convirtió a la "reina" Marion Jones en una atleta vulgar, de reputación dudosa y resignada a competir por una sola medalla individual, la de longitud. Ni en 100 ni en 200 metros, pruebas en las que parecía invencible, se ganó el puesto.
La palabra dopaje apareció unida a Jones ya en 1993, cuando tenía 18 años. No compareció a un control por sorpresa de la Federación Estadounidense y fue suspendida por cuatro años, pero su abogado, Johnnie Cochran, descubrió un error en la dirección a la que fue enviada la notificación del control y el castigo fue levantado.
Ahora Jones está en el centro del huracán. Su imagen de Sydney ha sufrido los efectos de un bombardeo de noticias, declaraciones e informes que la vinculan al escándalo de los laboratorios BALCO.