La historia detrás de la pieza No habíamos pagado la entrada a un museo, nos encontrábamos en Corozal, en una de las oficinas de la ACP utilizada como bodega para albergar toda pieza encontrada en la ampliación; todo allí era digno de exhibición. Un joven de contextura delgada y acento mexicano nos abrió la puerta y nos dio la bienvenida, es el arqueólogo Jonathan Hernández, quien estaba acompañado de una joven antropóloga museóloga panameña, Guillermina De Gracia. Estando en la sala principal de la bodega, sentimos en principio, decepción pues, solo veíamos un pico sin barra y algunas piezas dentro de una caja de cartón, pero lo que Jonathan y Guillermina tenían que mostrarnos era mucho más que eso. Luego de explicarnos que estaban haciendo una base de datos de los hallazgos, ambos mostraron rápido interés por mostrarnos qué había dentro de una pila de cajas herméticas, eran más piezas arqueológicas; éstas pertenecían a la época precolombina, algunas a la época colonial, otras de la departamental y de la época republicana. Jonathan, a pesar de ser extranjero, sentía tanta pasión como si fuese panameño, cada vez que sacaba una pieza de las cajas. Nos mostró la cabeza de una muñeca de porcelana, solo de las mejillas hasta la barbilla pues, estaba quebrada, pero también encontraron una de sus piernas.
Mientras se amplía el Canal, se reconstruye la historia del Istmo
Un hallazgo podría hacer que se empiece a contar diferente la historia de cuándo y cómo se formó el istmo de Panamá. Es posible que la documentación que conocemos sobre el surgimiento de nuestro país como puente de tierra, quede atrás. Los panameños podríamos estar viviendo en una especie de falacia de nuestra historia y, los que ahora nos hacen dudar, no son humanos ni célebres personajes, sino animales, específicamente restos fósiles que han sido encontrados durante las excavaciones que se realizan para los trabajos de ampliación del Canal de Panamá.
Hace cuatro años, Aldo Rincón, un pasante de paleontología del Smithsonian, encontró una de las piezas más completas que se haya desenterrado hasta ahora en Panamá: la dentadura de un caballo forrajero de tres dedos del tamaño del burro moderno, que caminó por el continente entre 18 y 15 millones de años atrás.
Este descubrimiento, discrepa con la creación geológica del Istmo la cual explica que el mismo terminó de formarse hace unos 3 millones de años es decir, que nuestro Istmo pudo haberse creado hace mucho más tiempo.
La pieza aún permanece bajo estudio según voceros del Smithsonian.
Afanosamente y movidos por el interés de reconstruir el pasado, los paleontólogos también han encontrado durante los primeros cinco años de investigación, 8 mil 862 muestras de material paleontológico como rocas y sedimentos, fósiles de plantas, moluscos, equinodermos, artrópodos, tiburones, reptiles y mamíferos, nos cuenta la especialista ambiental, Hortensia Broce.
Al seguir investigando, más y más piezas han sido encontradas como cráneos incompletos, huesos, dientes y fragmentos de caballos, camellos, rinocerontes y serpientes.
Han sido siete años de intenso estudio desde que inició el proyecto de construcción de la ampliación de la vía interoceánica pero, no solo se ha encontrado material paleontológico sino también arqueológico.
La historia detrás de la pieza No habíamos pagado la entrada a un museo, nos encontrábamos en Corozal, en una de las oficinas de la ACP utilizada como bodega para albergar toda pieza encontrada en la ampliación; todo allí era digno de exhibición. Un joven de contextura delgada y acento mexicano nos abrió la puerta y nos dio la bienvenida, es el arqueólogo Jonathan Hernández, quien estaba acompañado de una joven antropóloga museóloga panameña, Guillermina De Gracia. Estando en la sala principal de la bodega, sentimos en principio, decepción pues, solo veíamos un pico sin barra y algunas piezas dentro de una caja de cartón, pero lo que Jonathan y Guillermina tenían que mostrarnos era mucho más que eso. Luego de explicarnos que estaban haciendo una base de datos de los hallazgos, ambos mostraron rápido interés por mostrarnos qué había dentro de una pila de cajas herméticas, eran más piezas arqueológicas; éstas pertenecían a la época precolombina, algunas a la época colonial, otras de la departamental y de la época republicana. Jonathan, a pesar de ser extranjero, sentía tanta pasión como si fuese panameño, cada vez que sacaba una pieza de las cajas. Nos mostró la cabeza de una muñeca de porcelana, solo de las mejillas hasta la barbilla pues, estaba quebrada, pero también encontraron una de sus piernas.
De inmediato, entre otros objetos, había un moneda, dos botones, el vidrio de un lente, platos de porcelana, una bacineta y botellas, curiosamente tenían más botellas que otras piezas, algunas de alcohol, de medicinas, sodas y tinta para escribir.
Todo eso permite conocer la forma de vida de los trabajadores de esas épocas, su dieta, los entierros y otras maneras de convivir, nos explica Zuleika Mojica, especialista en protección ambiental de la ACP.
Los materiales "más viejos" que se tienen son de aproximadamente 700 años a. c., cuenta Jonathan. Las piezas no solo ocupaban la sala principal, también habían piezas en al menos dos cuartos más, en esa bodega se encuentran las "manejables", pues también han hallado ejes y vagones, según Mojica.
No solo ellos como especialistas en este tipo de piezas están comprometidos. Los obreros que trabajan en el campo de construcción de la ampliación del Canal, son los primeros tal vez, en descubrir las piezas. Ellos han sido capacitados sobre la conservación de los recursos culturales, les enseñan fotos de las posibles piezas que puedan encontrar, ellos hasta han pausado el trabajo que realizan en el momento si se topan con alguna pieza para esperar la llegada de arqueólogo encargado.
La cantidad de piezas es incontable. Mientras, se mantienen en custodia temporal de la ACP a la espera de que la Dirección de Patrimonio Histórico del Instituto Nacional de Cultura (INAC) las solicite.
La historia detrás de la pieza No habíamos pagado la entrada a un museo, nos encontrábamos en Corozal, en una de las oficinas de la ACP utilizada como bodega para albergar toda pieza encontrada en la ampliación; todo allí era digno de exhibición. Un joven de contextura delgada y acento mexicano nos abrió la puerta y nos dio la bienvenida, es el arqueólogo Jonathan Hernández, quien estaba acompañado de una joven antropóloga museóloga panameña, Guillermina De Gracia. Estando en la sala principal de la bodega, sentimos en principio, decepción pues, solo veíamos un pico sin barra y algunas piezas dentro de una caja de cartón, pero lo que Jonathan y Guillermina tenían que mostrarnos era mucho más que eso. Luego de explicarnos que estaban haciendo una base de datos de los hallazgos, ambos mostraron rápido interés por mostrarnos qué había dentro de una pila de cajas herméticas, eran más piezas arqueológicas; éstas pertenecían a la época precolombina, algunas a la época colonial, otras de la departamental y de la época republicana. Jonathan, a pesar de ser extranjero, sentía tanta pasión como si fuese panameño, cada vez que sacaba una pieza de las cajas. Nos mostró la cabeza de una muñeca de porcelana, solo de las mejillas hasta la barbilla pues, estaba quebrada, pero también encontraron una de sus piernas.