Miles de feligreses hondureños abarrotaron hoy los templos católicos en todo el país en la celebración del Domingo de Ramos, que marca el inicio de la Semana Santa al revivir la entrada de Jesucristo en Jerusalén.
En Tegucigalpa, el cardenal Oscar Rodríguez presidió la celebración en la Catedral Metropolitana, donde exhortó a los hondureños en su homilía a "hacer el bien y ser solidarios".
Rodríguez, arzobispo de Tegucigalpa, y otros sacerdotes bendijeron los ramos de palmas que portaban los feligreses y que, como es tradicional, son vendidos en los alrededores de la catedral por humildes campesinos procedentes de aldeas aledañas a la capital.
La procesión del Domingo de Ramos partió de la iglesia El Calvario, también en el sector céntrico de la ciudad, y terminó en la catedral, en cuyo atrio el arzobispo celebró la bendición debido al intenso calor de esta temporada.
Una gigantesca alfombra multicolor de aserrín con motivos religiosos fue elaborada por miembros de la iglesia católica, la Alcaldía de Tegucigalpa y voluntarios en el tramo final de la ruta de la procesión.
"Pongámonos al servicio de Jesús (..) abramos el corazón a Dios, a su palabra y a nuestros hermanos", señaló el Cardenal.
"Que nuestros ramos no se marchiten, caminemos hacia la Pascua con amor (...), vivir la Semana Santa es afirmar que Cristo está presente en la eucaristía", añadió el prelado.
Los vendedores de palmas se apostaron desde el pasado viernes frente a la catedral, donde ofrecen ramos y pequeñas cruces forradas con dicho vegetal a cinco lempiras (unos 26 centavos de dólar) cada uno.
Otros ramos de mayor tamaño y que incluyen las bellotas se venden entre 20 y 40 lempiras (entre uno y dos dólares).
Dada su pobreza, muchos de estos vendedores se ven obligados a dormir en los alrededores del templo.