Uniformados del Ejército hondureño trabajan en la retirada de obstáculos alrededor de la embajada de Brasil, que hoy permanece cerrada, mientras los diplomáticos acomodan todo para reabrir la semana que viene, tras cuatro meses de cerco militar por la presencia del ex presidente Manuel Zelaya.
Pocos de los conductores que pasan hoy frente a la sede diplomática brasileña en Tegucigalpa pueden evitar echar una mirada, aunque sea de refilón, hacia el lugar del que salió ayer Zelaya, tras un encierro que comenzó el 21 de septiembre con su regreso al país del que fue expulsado tres meses antes.
Enfrente, miembros del Ejército mueven grandes pilotes de cemento utilizados como vallas durante los últimos meses, y los vecinos miran entre extrañados y aliviados la vuelta a la normalidad en el lugar.
"Estamos haciendo una reacomodación de los muebles en sus sitios, verificando que está todo en orden, acomodando la embajada para poder volver a abrir el lunes", dijo a Efe el ministro consejero de la legación brasileña, Francisco Catunda.
El diplomático indicó que hay trabajo acumulado "pero no tanto", porque en los últimos meses utilizó su domicilio particular para cursar el servicio consular de emergencia y así expedir pasaportes, visas y otro tipo de documentación oficial.
"Para mí, personalmente, ha sido un alivio", dijo al referirse a la normalización de las condiciones de la legación, que abandonará próximamente para, casualmente, ser trasladado a Santo Domingo, ciudad a la que viajó ayer Zelaya.
Al preguntarle sobre la coincidencia, el diplomático, que permaneció varios días encerrado en la embajada tras la llegada de Zelaya, afirmó que "estaba previsto hace meses".
"Yo quiero y me gusta mucho Honduras, pero personalmente me gustaría olvidarme de todo esto", dijo.
Frente a la legación aún no habían sido retiradas las grúas utilizadas para elevar a los guardias y las luces por encima del muro con el fin de vigilar lo que ocurría en el interior mientras permanecía Zelaya.
"Llevo aquí dos meses durmiendo en esa casa, y estoy ya aburrido tengo ganas de volver a mi casa", declaró a Efe uno de los militares de las fuerzas especiales que han estado vigilando la embajada estos meses y que pernoctaban en la vivienda contigua a la sede diplomática.
El general Enrique Hernández, que hoy supervisaba la retirada de los obstáculos, explicó a Efe que durante la semana limpiarán y repararán los "posibles daños" que se han producido en el área como consecuencia del cordón militar que fue desplegado, "agradeciendo a los vecinos" su colaboración.
Uno de ellos es un despacho de abogados en el que trabaja Luis Cuestas, que, pese al cerco militar, asegura que siguieron trabajando tras la vuelta de Zelaya de un exilio al que le expulsaron los militares tras el golpe de Estado de junio del año pasado.
"Fue molesto porque producía retrasos, tuvimos que llamar a nuestros clientes para decirles que aunque hubiera todo este lío nosotros seguíamos trabajando", explicó, al recordar que las personas que visitaban el despacho eran acompañadas por militares que los esperaban fuera hasta que salían.
Cuestas afirmó que "a toda esta zona (la situación) le generó un gran problema: tres restaurantes cerraron y fue una enorme pérdida", aunque, en su opinión, "por motivos de seguridad fue lo correcto".
La cafetería Viena mostraba hoy un cartel ofreciendo almuerzos, pero las mesas no estaban disponibles porque las estaban limpiando la dueña y su hermano, Armando, de 23 años, afanados en tratar de recuperar cuatro meses de cierre obligado.
"Cuando anunciaron que (Zelaya) se iba, por fin supimos que podríamos volver a abrir y ahora lo que queda es limpiar y mucho trabajo para tratar de levantar esto de nuevo", dijo el joven.