Mito y tecnología

Durante 45 minutos, los espectadores contemplaron con la boca abierta una celebración de amor y vida.


Los Juegos Olímpicos regresaron a su hogar espiritual ayer con una ceremonia inaugural que revivió los mitos de la Antigua Grecia gracias a la magia de la tecnología del Siglo XXI.
Atenas, que estuvo a punto de perder la organización de los Juegos hace cuatro años debido a preparativos caóticos, levantó el telón del mayor espectáculo del planeta con un toque decorativo ante una audiencia televisiva calculada en 4.000 millones de personas.
Durante 45 minutos, los espectadores del estadio permanecían callados en sus asientos contemplando con la boca abierta una celebración de amor y vida, mientras una de las más grandes civilizaciones del mundo se desplegaba ante sus ojos.
Tambores imitando el sonido de los latidos del corazón humano retumbaron bajo las alas de vidrio de un estadio futurístico ovalado que hace apenas unos meses no tenía techo ni asientos.
El piso del estadio fue inundado con agua, vislumbrando un mar que estalló en llamas, al tiempo que los cinco anillos olímpicos eran encendidos desde el cielo por un cometa pirotécnico. Un niño en un barco de papel flotaba en el lago, en una de las imágenes más permanentes de la noche.
En los primeros Juegos de Verano desde los ataques del 11 de septiembre del 2001 en Estados Unidos, la celebración de las proezas deportivas se realiza bajo el mayor operativo de seguridad que se haya visto en Europa en tiempos de paz. El personal de seguridad en Atenas supera el número de atletas por 7 a 1.
Resguardada desde lejos por misiles Patriot y custodiada en el aire por aviones y helicópteros, la ceremonia que presentó delegaciones de un récord de 202 países ofreció al mundo una posibilidad de olvidarse de sus problemas por tres horas.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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