Al menos nueve personas murieron hoy en Siria a causa de la brutal represión de las protestas de la oposición, informó hoy el grupo opositor Comités de Coordinación Local.
En un comunicado, la fuente aseguró que cuatro de las víctimas mortales perdieron la vida en la provincia central de Hama a causa de los disparos del Ejército.
El grupo anunció, asimismo, que dos personas fallecieron en la ciudad central de Homs, otras dos en poblaciones cercanas a Damasco, y otra en la provincia norteña de Idleb.
Por su parte, el también opositor Observatorio sirio de Derechos Humanos informó de la muerte de seis personas, en lugares diferentes al de los Comités.
Según esa primera organización, dos civiles perdieron la vida por disparos en Idleb, uno cerca de la localidad de Saraqeb y el otro tras ser atacado el sábado en un puesto de control cerca de la población de Sarmin.
Además, el Observatorio dio cuenta del fallecimiento de un joven por balas en un puesto de control en la provincia de Deir al Zur, en el este del país, y de otro en la zona de Rif Damasco, en el oeste.
Asimismo, informó del arresto, en la ciudad de Homs, de Mohamed Judor, decano de la Facultad de Ingeniería Química de una universidad local.
La enésima jornada de violencia en Siria arrancó este domingo después de que anoche cientos de personas se manifestaran en Damasco en apoyo a las protestas en Homs, bastión opositor, donde el
En la capital se desarrolló después de la medianoche una manifestación de un centenar de personas en apoyo a Homs, uno de los bastiones de la oposición al régimen, donde el sábado murieron doce personas.
Según la oposición, las fuerzas de seguridad abrieron fuego contra los congregados y arrestaron a decenas de activistas y manifestantes.
Estas informaciones no han sido confirmadas oficialmente ni han podido ser contrastadas independientemente debido a las restricciones impuestas por el régimen de Damasco a los periodistas.
Desde mediados de marzo pasado, Siria es escenario de revueltas populares contra el régimen de Bachar al Asad, que se han cobrado la vida de unas 3.000 personas, según las últimas cifras de la ONU.