Una multitudinaria procesión acompañó hoy la imagen "Jesús del Gran Poder" por las calles del casco colonial de Quito, con presencia a momentos de lluvia y el olor de la tradicional fanesca, un portentoso potaje que adoba la Semana Santa en Ecuador.
Las demostraciones de fe y devoción han rozado con el sacrificio de varias personas que, emulando a Jesucristo, han cargado pesadas cruces por el trayecto de algunos kilómetros y de empinadas callejuelas.
La Iglesia de San Francisco, en el centro de la ciudad y vigilada por la llamada "Virgen de Legarda", una obra monumental erigida en la cima del vecino cerro Panesillo, fue el punto de partida y llegada de la procesión de Viernes Santo.
La representación del Vía Crucis, como todos los años, ha estado adornada por cientos de verónicas, mujeres vestidas con trajes lilas y morados y velos negros, al igual que los "cucuruchos", tocados con una capucha de punta que sólo deja ver los ojos.
Soldados romanos y verdugos vigilaban a los "jesuses" y los ayudaban en la caminata, sobre todo cuando el peso de las cruces extenuaba sus fuerzas.
Cientos de fieles marcharon con imágenes sagradas y hasta un grupo de toreros se expresó de forma silenciosa y respetuosa, aunque con un mensaje claro de oposición a una pregunta de la consulta popular convocada por el Gobierno para el próximo 7 de mayo, que busca prohibir la muerte de los toros en las corridas.
Los cánticos y rezos resonaron por las estrechas calles del centro capitalino, a cuyos lados se apostaron miles de curiosos y turistas, algunos sorprendidos por el fervor religioso de los quiteños.
Un medio millar de policías han custodiado la manifestación que ha transcurrido sin mayores inconvenientes.
El grueso de los fieles se ha colocado detrás de los carruajes de las imágenes de "Jesús del Gran Poder" y de la "Virgen María" que, como todos los años, han abandonado los templos para acompañar al pueblo en el evangelio.
En la costera Guayaquil, la ciudad más poblada del país, también la procesión ha sido multitudinaria y eufórica al paso de "El Cristo del Consuelo", una imagen a la que se le atribuyen milagros.
Los fieles han tratado de abrirse paso entre la muchedumbre para acercarse al carruaje de la imagen y toparla para pedirle consejos y milagros.
Las procesiones se han reproducido en casi todas las ciudades del país, con parecidas demostraciones de devoción.
En la ciudad turística de Baños de Agua Santa, la precaución ha sido algo mayor, luego de que el pasado miércoles el volcán Tungurahua, que se levanta a su costado, incrementara su actividad, sin llegar a ser peligrosa para la población.
El asueto de tres días por la celebración religiosa también ha sido aprovechada por miles de personas para salir de las ciudades y acudir a los distintos destinos turísticos del país.
A lo que casi todos los ecuatorianos están abocados en estas fechas, además de la meditación y la fe, es a la degustación de la tradicional fanesca, un plato que sólo se prepara en esta temporada.
Su origen es incierto y se han tejido muchas historias sobre este potaje, cuya elaboración coincide con el tiempo de cosechas.
Doce tipos de granos cocidos (que representan a los apóstoles), entre los que se cuentan variedades de maíz y de porotos, habas y lenteja, integran esta comida.
También incluye abundante leche, queso y pedazos de bacalao seco. Masitas fritas, pequeñas empanadas de queso, rodajas de plátano doradas en aceite y una ramita de perejil adornan el plato.
Cada hogar tiene su "secretito" para prepararlo y no hay ecuatoriano que no considere como la mejor fanesca a la preparada por su madre.
Tampoco ninguno se resiste a comer un solo plato, al que se le acompaña con "molo", un puré de patatas adornado con queso y lechuga, así como el dulce de leche o de higos y los pristiños, unas masas fritas y dulces.
El santo festín se comparte en familia, aunque en los barrios muchas personas lo comparten con los vecinos en una competencia para comparar la sazón.