HAY algo especial en el Estado de Washington en primavera.
Cual Ave Fénix, después del letargo invernal, los cerezos visten la ciudad con sus preciosas flores, anunciando el cambio de estación.
Y es que durante las dos primeras semanas de abril se realiza el Festival Nacional de los Cerezos en Flor, ya que en Washington hay cerca de 3, 750 cerezos de doce variedades distintas, los cuales, como si de relojes suizos se trataran, este año han florecido exactamente cuando los expertos lo pronosticaron: en coincidencia con el festival.
"El año pasado vinimos pero todavía hacía frío, por lo que no habían florecido. Este año nos hemos dado otra oportunidad y ha merecido la pena", dijeron Pat y Sam, dos turistas de Atlanta.
Es ahora o nunca, ya que las flores de estos árboles desaparecen justo cuando se terminan las múltiples actividades que se organizan estos días, desde 1935, en la capital estadounidense.
"Yo sufro de alergia", dijo Brook, una australiana que, con una mascarilla en la cara, no se perdió el espectáculo.
El festival de los cerezos en flor es todo un acontecimiento en Estados Unidos.
Se calcula que los visitantes llegarán este año a un millón, de los cuales un tercio será de fuera de la ciudad y gastará una media de 400 dólares durante su visita.
El programa incluye conciertos, exposiciones, degustaciones de sushi, competiciones deportivas, fuegos artificiales y hasta un desfile, que se llevan a cabo durante dos semanas el centro de Washington y especialmente la zona de El Mall, un gran parque que se extiende desde la colina del Capitolio hasta el Lincoln Memorial.
"Hemos venido toda la familia desde Nueva York y la verdad es que es precioso y el tiempo no podía ser mejor Qué más se puede pedir?" dijo Bob Foss, que acudió a la cita con su mujer y sus dos hijos.
Se trata de celebrar el comienzo de la primavera, pero al mismo tiempo de fomentar el turismo con cientos de actividades al aire libre que llenan de vida la ciudad tras la nieve y el frío intenso del invierno.
El sábado comenzaron los festejos con una competición de cometas que con su colorido trataba de competir con las flores de los cerezos.
Los preciados árboles, la mayoría pertenecientes al tipo Yoshino Tree, según el Servicio de Parques Nacionales, fueron un regalo que Yuzio Ozaki, el alcalde de Tokio (Japón), hizo a EE.UU. en 1912 para conmemorar la amistad que empezaba a unir a ambos países.
Los primeros árboles de cerezo se plantaron en la ciudad del Capitolio a principios del siglo XX pero enfermaron y tuvieron que ser reemplazados.
Por eso, dos años después, 3, 000 cerezos más fueron enviados y en 1956, ya concluida la Segunda Guerra Mundial, otros 3.800 llegaron a Washington.
Ni siquiera acontecimientos históricos como el bombardeo japonés a Pearl Harbour ni las dos bombas atómicas estadounidenses lanzadas en Hiroshima y Nagasaki, pueden enturbiar el legado de las buenas relaciones entre Japón y Estados Unidos.
Los cerezos forman parte del paisaje de Washington y su florecimiento, que para los japoneses es símbolo de vida, es algo digno de celebrar.
Mientras se realiza la celebración en EE.UU., Japón también se rinde a los encantos de la flor del cerezo, un acontecimiento anual esperado con ilusión por millones de nipones, que llenan los parques de todo el país para celebrar la llegada de la primavera.
En Japón es conocido como "sakura" el florecimiento de los cerezos, ya que marca un hito en el calendario japonés: el final del invierno y simboliza la fragilidad de la existencia humana, además de suponer una buena fuente de ingresos para el sector turístico.
95 años de Amistad en Flor
En toda la ciudad de Washington hay parches olorosos de duraznos, nectarinas y ciruelos en flor. Pero el más hermoso de todos es el cerezo.