Hay quienes dicen que la muerte de Castro abrirá un abismo entre los viejos terratenientes y sus descendientes (que atesoran sus ajados títulos de propiedad) y las familias que ocupan esas tierras y las trabajan desde hace décadas.
Juicios entrecruzados por las mismas parcelas de tierra, enfrentamientos por apartamentos desvencijados y locales comerciales: algunos temen que todo desemboque en una guerra civil y un éxodo de balseros al lado del cual el de los marielitos parecería una fiesta en el malecón.
Carlos J. Castillo, director de la Oficina de Administración de Emergencias en Miami-Dade, tiene como tarea estudiar esas contingencias y formular los planes correspondientes.
Empezó a planificar hace siete años. Hace planes junto con otras 25 personas de la Guardia Costera, Inmigración y Aduanas, el FBI, la policía, la Guardia Nacional y otras agencias.
Hay quienes creen en la Pequeña Habana que tras la muerte de Castro, una ola de exiliados de Miami cruzará la isla, dejando en su zaga arcos dorados, autopistas, hoteles lujosos y sonrisas por todas partes.
Qué disparate, responde Antonio Jorge, gurú de la economía cubana y profesor en la Universidad Internacional de Florida. Los estudios revelan que menos de 100, 000 de los 1.2 millón de exiliados cubanos en EU regresarán a su patria definitivamente, incluso después de la muerte de Castro. "Uno tiembla al pensar en lo que se deberá hacer para devolver a Cuba a la situación de 1959", dice Jorge, que en 1959 era subsecretario del Tesoro.
En el sur de la Florida, los cubanos poseen más de 80, 000 empresas, y se espera que algunos inviertan en una Cuba poscastrista. Pero sin la financiación del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y los bancos estadounidenses para las grandes obras, la reconstrucción de la isla no dará un solo paso.