“ Votar es pura vida” proclamó la propaganda del Tribunal Supremo de Elecciones de Costa Rica (TSE) en una intensa campaña cívica paralela a la avalancha de la millonaria propaganda partidista que atiborró periódicos, televisoras, radioemisoras y múltiples espacios callejeros para los comicios generales costarricenses de hoy.
Empujados por la famosa marca, país del “pura vida”, y con un padrón de poco más de 2,8 millones electores, los costarricenses fueron invitados a votar para elegir presidente (o presidenta), dos vicepresidentes, 57 diputados y 990 munícipes.
En medio de signos de abstencionismo e indecisión, las votaciones deben empezar a las 06:00 horas y concluir a las 5:00 p.m. y los primeros resultados que podrían definir una tendencia serán anunciados cerca de las 20:30, según el TSE.
Laura Chinchilla, candidata presidencial del gobernante Partido Liberación Nacional (PLN), se perfila como ganadora y podría convertirse en la primera presidenta de esta nación, una de las democracias con mayor solidez y estabilidad política de América Latina y el Caribe.
“Me siento muy honrada de tener la posibilidad de ser la primera presidenta de Costa Rica”, dijo Chinchilla a corresponsales extranjeros. “Soy consciente de que llego a este punto gracias a la lucha de muchas mujeres, pero también de hombres que entendieron que una de las odiosas discriminaciones que teníamos que superar eran las discriminaciones por razones de género”, subrayó.
Sin embargo, todavía persisten dudas acerca de Chinchilla podrá vencer a sus principales opositores -el derechista Otto Guevara, del Movimiento Libertario, y el centro izquierdista Ottón Solís, del Partido Acción Ciudadana (PAC)- con más del 40% de los votos válidos para evitar una segunda ronda en abril próximo y asumir en mayo, para una gestión de cuatro años.
Solís ha prometido transparencia y compromiso ético para luchar contra la corrupción, luchar para sacar a medio millón de costarricenses de la miseria y rescatar el papel del Estado en el desarrollo socioeconómico y ha anunciado que desmontará el aparato neoliberal que amplió la brecha entre pobres y ricos.
Guevara, por su parte, se ha presentado como el principal agente del cambio, con mano dura e implacable contra la delincuencia para atacar la crisis de inseguridad que golpea a este país y, entre otras cosas, se ha comprometido a obsequiar computadoras a cada estudiante de la educación pública.
Manipulable.
Solís y Guevara han re calcado que uno de los mayores peligros para Costa Rica es que Chinchilla será el “continuismo” del Gobierno del presidente costarricense, Óscar Arias (2006-2010).
A la licenciada en Ciencias Políticas y máster en Políticas Públicas la acusan sus rivales de que, en caso de ganar la Presidencia, será un simple peón al servicio de Arias.
“A mí nadie me va a imponer nada”, replicó Chinchilla, tratando de despojarse de la sombra de los Arias —Óscar y su hermano Rodrigo, ministro de la Presidencia—que en 2006 la convirtieron en vicepresidenta y ministra de Justicia, y en 2008, como poder detrás del trono, la catapultaron a la candidatura para aprovechar la ventaja de mujer.
Chinchilla “no está en un puesto político para reivindicar los derechos, por las desigualdades y las discriminaciones que sufren las mujeres”, reclamó María José Chaves, coordinadora del Centro Feminista de Información y Acción (Cefemina), grupo no estatal de esta ciudad.
“Ella es abanderada de un sector económico y político que está en detrimento de la calidad de vida de la mayoría de las personas, en cuenta de las mujeres”, afirmó, en una entrevista con El Panamá América, al señalar las políticas neoliberales impulsadas por el actual Gobierno que agudizaron la brecha social.
Si gana, y más allá del éxtasis propagandístico y del resplandor publicitario, chocará con enormes desafíos. Sin ejército desde 1948 y como una de las sociedades con menos rasgos de desigualdad en América Latina y el Caribe, Costa Rica vive una grave y creciente crisis de inseguridad y deterioro social con 20% de pobreza en sus poco más de 4,4 millones de habitantes.
“Costa Rica tiene los elementos que se necesitan para lograr mayores niveles de desarrollo y bienestar: la inteligencia de su gente, su riqueza ecológica y su espíritu solidario”, planteó Chinchilla en su plataforma política. La inseguridad, alegó, “tiene raíces profundas” y urge invertir en seguridad social y ciudadana, educación, salud, transporte, vivienda y desarrollo urbano para garantizar planes solidarios y “mejorar las condiciones de vida de los más necesitados”.