La convención que ayer celebró el partido Likud puede convertirse en una trampa para el emergente proceso de paz y para el propio primer ministro israelí, Ariel Sharon, quien vio como sus propios correligionarios tratan de bloquearle el camino hacia la "Hoja de Ruta".
Abucheado por decenas de militantes a la entrada y durante todo su discurso, Sharon pudo apreciar como el órgano más importante del partido -del que emana la inspiración política del Gobierno que él preside-, le exigía una declaración contraria a la que hizo en la cumbre de Aqaba y a la "Hoja de Ruta" del Cuarteto de Madrid.
"La Hoja de las Fantasías", "Sharon vuelve a la granja de los Sicomoros" y "Sharon se ha rendido al terrorismo" eran algunas de las incontables pancartas que el ala más radical del Likud levantó contra el primer ministro y que hicieron necesaria la intervención de agentes de seguridad en varias ocasiones. Sharon sentenció: "Estamos dispuestos a hacer concesiones dolorosas, muy dolorosas, por una paz verdadera".
Mientras, Estados Unidos instó ayer a Israel y a los palestinos a no permitir que una nueva escalada de violencia en la región, que ayer dejó 10 muertos, frustre la última iniciativa de paz en Medio Oriente, mientras reafirmó su apoyo al primer ministro palestino Mahmud Abbas.
Un total de 10 personas (cinco israelíes y cinco palestinos) murieron ayer en dos ataques palestinos en la Franja de Gaza y Cisjordania.
En un hecho sin precedentes en el conflicto, el ataque fue reivindicado en un comunicado conjunto por tres grupos armados palestinos: los brazos armados de los movimientos islamistas Hamas y Yihad Islámica, y un grupo armado vinculado al Fatah, el movimiento de Abbas y del presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Yasser Arafat. Los palestinos radicales prometieron desafiar el intento del reformista Abu Mazen de desmilitarizar la insurrección de 32 meses.