Una vez por semana, las abuelas de Kibera salen de sus chabolas, se desentienden de sus nietos y dejan sus puestos de venta callejera para aprender defensa personal, una herramienta que ha permitido reducir las violaciones en esa y otras favelas de Nairobi.
Llegar a ser una shosho (abuela, en el dialecto local kikuyu) en los barrios chabolistas de la capital keniana es difícil, no solo por la barrera que marca la esperanza de vida -casi infranqueable a partir de los 50 años-, sino porque son presa fácil y segura para los violadores.
Muchos piensan que al tener relaciones con ellas no contraerán el virus del sida, que se estima infecta a una de cada cinco personas (unas 200,000) en Kibera, un bosque de uralita y plástico que se ha convertido en el mayor poblado chabolista de África.
La superioridad física del agresor dejaba siempre indefensa a la víctima, hasta la ONG estadounidense No Means No Worldwide, Lee Sinclair y otras asociaciones comenzaron a impartir cursos de defensa personal en los barrios más peligrosos de Nairobi (Kibera, Mukuru, Korogocho o Njenja) y otras zonas del país (como el asentamiento costero de Lunga-Lunga).
En un año, las posibilidades de autodefensa de las cerca de 300 abuelas que han pasado por las clases han mejorado en un 85%, asegura Nickson Langat, investigador de Ujamaa, la organización que colabora con la ONG en Kenia.