La preocupación de los ambientalitas de Panamá sobre la creación de un delfinario en el distrito de San Carlos ha quedado en el tapete y la marea ha bajado.
La aprobación y publicación en Gaceta Oficial de "las excepciones a la prohibición de captura de mamíferos marinos para el cautiverio" hace un año, mostraba un retroceso en el país en cuanto a conservación y protección.
La situación ocasionó que los diversos grupos ambientalistas, incluso la propia nieta del legendario comandante francés Jacques Cousteau, se colocarán al frente de una guerra que ha quedado en suspenso, pero tuvo varias etapas.
Hasta el momento, la primera etapa ha sido lograr que el delfinario no haya continuado su construcción, a pesar de que la empresa Ocean Embassy logró invertir alrededor de 11 millones de dólares y realizar trabajos de remoción de la tierra en el área.
La polémica inició porque los delfinarios han sido rechazados en países como Estados Unidos, Guatemala y Honduras; mientras que en Panamá se tenía previsto instalar dos antenas satelitales e instalaciones en Bocas del Toro y en el Archipiélago de las Perlas, según organizaciones conservacionistas.
El panorama fue verdaderamente desalentador porque el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) estima que más del 70% de los delfines pueden llegar a morir atrapados por ciertas artes y aparejos de pesca destructivos o no selectivos.
Una lucha por una causa.
Para Alexandra Cousteau, la batalla por los delfines tuvo sus motivos, ya que esta especie marina en cautiverio confronta problemas en su sistema de ecolocalización (como un radar), no funciona en cautiverio, ya que las ondas que envía su sistema de localización rebota en las paredes de los tanques (cosa que no ocurre en el mar), produciéndole perturbaciones.
Cousteau explicó que los productos químicos de tratamiento del agua dañan su delicada piel y, en ocasiones, llegan a dejarlos ciegos.
Además, la captura de un delfín es algo terrible, los atrapan con redes o con pinzas que sujetan su cola o su cabeza. Algunos mueren por shock en el momento de la captura, otros son lesionados y abandonados en el mar heridos, pues ya no sirven para su cometido. En muchas ocasiones, separan madres y crías, ocasionando experiencias traumáticas a ambos.
No cantar victoria.
Sin embargo, Gabriela Etchelecu, directora de la Fundación Mar Viva, señaló que aún está pendiente la aprobación del protocolo de captura por parte de los miembros del Corredor Marino de Panamá.
Mientras que el científico y biólogo del Instituto de Investigaciones Tropicales Smithsonian (STRI) y miembro del Comité del Corredor Marino, Héctor Guzmán, señaló que el comité nunca ha revisado la propuesta final y completa de la empresa, de la cual el protocolo es solo un apéndice.
Para científico Guzmán, la presión de la sociedad no permitió que se pudieran estudiar los documentos.
Un comité paralizado.
El delfinario llevó al Comité del Corredor Marino de Panamá a congelarse.
Según Etchelecu, el comité tiene mucho trabajo a medio camino que se vio muy perjudicado con todo el incidente del año pasado, lamentablemente afectando a los mamíferos marinos que el comité debe proteger y a las personas que tienen la esperanza de trabajar en avistamiento reglamentado como alternativa de avistamiento.
Mientras que para el científico Guzmán, el delfinario ha sido una piedra en el camino de una comisión técnica profesional funcional y mística que fue desarticulada por el tema del delfinario.
En resumen, el tema del delfinario llevó al comité a estar paralizado desde junio o julio del 2007.
Una especie en estudio.
La importancia de los delfines científicamente se centra en la delfinoterapia, una técnica que consiste en la interacción con delfines (normalmente, de la especie nariz de botella) mediante la cual, con la ayuda de un terapeuta, se intenta mejorar la calidad de vida de niños que padecen discapacidades relacionadas con el Sistema Nervioso Central.
También se aplica a adultos en proceso de desintoxicación de drogas, con personas depresivas, estresadas e incluso con embarazadas.
Estas sesiones tienen una duración de 15 minutos diarios. El sonar del delfín emite unas ondas sonoras electromagnéticas cuya intensidad solo es comparada con la máquina de soldar metales (8.2 watts).