Una adolescente británica se ha convertido en un paradigma de la ciencia al sobrevivir a una serie de intervenciones para curarla de la enfermedad cardíaca con la que nació, la última para extirparle el corazón de un donante, que le habían injertado junto al suyo.
La historia de la galesa Hannah Clark, que actualmente tiene 16 años, se cuenta en la versión de Internet de la revista médica "The Lancet", donde los cirujanos que la trataron extraen conclusiones sobre la experiencia.
Clark nació en 1993 con una cardiomiopatía que impedía a su corazón funcionar con normalidad, por lo que con dos años de edad tuvo que ser operada para trasplantarle el corazón de un donante, que se le injertó junto al suyo.
Las cardiomiopatías aparecen en 1,2 a 1,4 niños de cada 100.000, y es de 8 a 12 veces más común en el primer año de vida que en años posteriores.
Los trasplantes son la única alternativa para la supervivencia (actualmente se desarrollan corazones mecánicos), pero con éstos la prognosis es mala, si bien existe la posibilidad teórica de que el propio corazón se recupere si el niño vive lo suficiente.