La comunidad negra de Estados Unidos se prepara para vivir el día más feliz de su historia con la investidura de Barack Obama como primer presidente negro del país.
Chloe Washington, una afroamericana de Chicago se encuentra de visita en la capital estadounidense, aseguró que será el día "más feliz" de su vida.
"Es el día que llevo esperando desde que empecé a votar a los 18 años", dijo Chloe Washington, quien espera sentir un orgullo comparable sólo al que experimentó cuando dio a luz a su hijo.
Al igual que la funcionaria de Chicago de 51 años, afroamericanos de todo el país viajaron a Washington para asistir a la histórica toma de posesión de Obama que hará realidad el sueño del reverendo Martin Luther King, cuya festividad se celebró ayer en Estados Unidos con motivo del aniversario de su nacimiento, hace 80 años.
"Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el que no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad", dijo King en 1963 en una nación muy distinta.
Hoy, más de 45 años después, un 69% de los afroamericanos creen que ese sueño se ha hecho realidad, según un sondeo divulgado por la cadena de televisión CNN.
El líder de los derechos civiles pronunció su discurso frente al monumento del presidente Abraham Lincoln (1861-1865) en Washington, donde el domingo un concierto multitudinario en honor de Obama recordó la figura de King y la lucha por la emancipación racial.
Erika Newman, una contadora afroamericana de Texas, de 38 años, fue una de las alrededor de 400,000 personas que se dieron cita en el evento para celebrar, dijo, "el futuro de esperanza que se abre, y no sólo para mí, sino también para mi hijo".
"Quiere ser abogado y lo que yo le digo es que fue así como empezó Obama", dijo Newman de su hijo pequeño.
La residente de Texas, que tiene ya planeado otro viaje a la capital para dentro de seis meses en el que quiere visitar con su hijo la Casa Blanca, asegura que su apoyo a Obama será incondicional: "Lo voy a respaldar en cada paso del camino".
Expectativas.
La posibilidad de que el futuro gobernante no logre satisfacer las enormes expectativas depositadas en él es ciertamente real.
Entre sus cometidos figura el de solucionar la peor crisis financiera de los últimos 80 años, impulsar a una economía que vive los momentos más bajos desde la II Guerra Mundial, acabar la guerra en Irak y restaurar la dañada reputación de EE.UU. en el mundo.
Ante tamaña tarea, el propio Obama advirtió que habrá "reveses, frustraciones y decepciones".