La disyuntiva que millones de brasileños llevarán consigo a las urnas mañana al decidir si reeligen a la presidenta izquierdista Dilma Rousseff o apuestan a su rival conservador es clara: ¿Se puede reactivar la economía sin dejar de reducir la desigualdad social?
El Partido de los Trabajadores de Rousseff encabezó un crecimiento económico de una década que sacó de la pobreza a millones de brasileños.
Pero la economía se desaceleró en los últimos años y el electorado debe pronunciarse ahora acerca de quién es la persona más indicada para reactivarla, si la presidenta, una exguerrillera que mantuvo los programas sociales iniciados por su predecesor y correligionario Luiz Inacio Lula da Silva, o el senador Aécio Neves, miembro de una dinastía política y quien sorprendió al terminar segundo en la primera ronda.
La segunda vuelta se perfila como la más reñida e impredecible desde el fin de la dictadura en 1985. La disputa se volvió hostil y han abundado las denuncias de corrupción y nepotismo, factores que han contaminado la política brasileña por décadas.