Treinta cadáveres fueron hallados ayer en Irak, donde la violencia causó otros 31 muertos, incluido un soldado norteamericano, con lo que son más de 1,500 los militares estadounidenses que perdieron la vida desde la invasión del país.
Mientras en Bagdad el ministro saliente de Planificación salía ileso de un atentado, parecía perfilarse un acuerdo de gobierno entre los chiítas de la mayoritaria Alianza Unificada Iraquí (AUI) y el grupo kurdo.
Cuatro personas murieron y 30 resultaron heridas en un atentado suicida perpetrado al amanecer en Bagdad con un camión de basura. Mientras que en Qaim, al oeste del país, aparecieron 30 cadáveres acribillados a balazos.