SI ES DE NOCHE no camines por allí, es la advertencia de quienes viven en barrios como San Miguel, Barraza, El Chorrillo y algunos puntos de San Miguelito; allí los piedreros y los pandilleros dominan las calles.
El fenómeno se repite en toda Centroamérica en donde las maras toman el control de las calles en los barrios marginales, cuando cae el sol y sólo se escucha el crepitar de las armas.
Sin embargo, existe un abismo entre los pandilleros criollos y los mareros centroamericanos en cuanto a organización, número y capacidad de violencia.
Aquí las pandillas alcanzan un máximo de 25 integrantes, se dedican al tráfico de drogas en pequeña escala, realizan robos de poca monta y mantienen un territorio.
En cambio, la Mara Salvatrucha tiene unos 100, 000 integrantes, distribuidos en varios países que sirven de intermediarios a narcos, secuestradores y se expanden a otros territorios.
Pero, para María Gabriela Fernández, quien funge como Asesora Técnica Principal del Proyecto Paz y Convivencia en San Pedro Sula, Honduras, la distancia se está acortando.
Fernández alegó que los mareros ahora funcionan como una corporación, que han fundado "clikas" (filiales) en toda Centroamérica y México.
Alegó que esta es una situación muy peligrosa para todos los países del área, porque los mareros han establecido nexos con los carteles de la droga, con los traficantes de armas y secuestradores para la comisión de hechos delictivos.
Consideró que algo más peligroso es la posible asociación de mareros con grupos terroristas, de lo que aún no existe evidencia, pero que genera temor entre las autoridades.
"Hay una casa matriz con "clikas", con una obediencia a toda prueba, funcionan con una jerarquía establecida de manera vertical en donde no hay discusiones y cada quien cumple su papel", alegó.
Sostuvo que la regionalización de las maras y la persecución de los estamentos de seguridad los, han obligado a "mutar" sus signos y operar de una manera subterránea para mantener su operatividad.
Ahora - estimó - las maras han cambiado para asegurar su supervivencia y por eso surgió la necesidad de la "corporativización", esto último les ha permitido migrar a otros países, como Guatemala, México, Honduras en donde estos problemas no existían.
A juicio de la experta el único medio para atacar este problema es estudiar el fenómeno, analizar acciones inmediatas y luego instaurar estrategias a mediano y largo plazo.
Consideró que una buena iniciativa es la propuesta por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) de realizar proyectos de generación de empleos para jóvenes y ayudas para la culminación de estudios.
La Mara Salvatrucha y la 18 son las que más integrantes poseen, pero existen otras pandillas que han comenzado a copiar sus patrones para extender sus actividades a otras áreas. En Panamá el accionar de los grupos es menor.
Alianzas peligrosas
Las pandillas en Panamá no son tan sofisticadas como las centroamericanas, pero van en ese camino.