Las autoridades chinas trataron de acallar a los familiares de los pasajeros chinos desaparecidos hace un año en el Boeing 777 de Malaysia Airlines, que organizaron un acto en Pekín para rezar por sus allegados y expresar sus quejas y malestar ante los medios de comunicación.
Un gran dispositivo policial flanqueaba el templo de los lamas de la capital china para evitar que los familiares pudieran expresar sus reclamos a los periodistas, que habían sido convocados por el grupo.
Aunque los agentes permitieron a los familiares rezar de forma privada en el interior del templo, no les dejaron hablar con los medios de comunicación, a quienes echaron del centro religioso y de sus inmediaciones a empujones.
El número de agentes, de paisano o uniforme, superaba a la cincuentena de familiares y al de periodistas, y no se retiró del lugar.
Ante el temor al olvido por el paso del tiempo, los familiares querían reivindicar la importancia de la búsqueda del avión y denunciar la “desinformación” a la que se han visto sometidos por Malasia.