La primera fábrica de blanca porcelana que existió en Europa, la de Meissen, en la región de Sajonia (este), cumplió 300 años desde que puso en marcha su maquinaria para trabajar un material blanquecino, el preciado "oro blanco", que hasta entonces sólo había sido descubierto en China.
Con su logotipo de dos espadas cruzadas, tres siglos después de su fundación, la porcelana de Meissen sigue siendo un símbolo de pureza y distinción, que explica por qué su loza blanca de pasta dura se comercializa en todo el mundo.
Esa porcelana había sido descubierta en Sajonia dos años antes, en 1708, por los alemanes Friedrich Böttger y Ehrenfried Walther von Tschirnhaus, con lo que se consiguió sustituir al misterioso "oro blanco" traído hasta entonces del lejano oriente.
En los relatos de Marco Polo se describe por vez primera la belleza de este fino, pero resistente material inventado en China en el siglo VII, que pronto se convirtió en un preciado artículo de lujo por el que las grandes casas europeas pagaban ingentes sumas de dinero.
Los europeos, que desconocían el origen de aquel bello producto, iniciaron una frenética carrera para dar con la fórmula del "oro blanco", cuyo principal compuesto es el caolín, una arcilla blanca de gran pureza.