Los dos pilares del sistema puesto en pie hace más de una década por el primer ministro ruso, Vladímir Putin, el antiguo KGB y Gazprom, han dejado de ser intocables debido a la crisis económica y la amenaza terrorista.
El Servicio Federal de Seguridad (FSB, antiguo KGB), principal órgano de la lucha antiterrorista, y el consorcio Gazprom, brazo ejecutor de la política energética rusa, recibieron esta semana sendos rapapolvos impensables hace sólo unos pocos meses.
Por vez primera, el FSB anunció públicamente la destitución de varios altos cargos debido a los fallos en la seguridad de las redes de transporte que llevaron al atentado suicida en el mayor aeropuerto del país, Domodédovo, en el que murieron 36 personas.
Bien es cierto que los destituidos son subdirectores de departamento, pero el propio FSB reconoció que varios generales del cuerpo también habían sido advertidos por el Kremlin por incumplimiento del deber.
El presidente ruso, Dmitri Medvédev, dejó bien claro tras el atentado del pasado 24 de enero que, si los fallos en la seguridad se repiten, rodarán cabezas, ya que las elecciones parlamentarias que se celebran a finales de año están a la vuelta de la esquina.
Por si había alguna duda, Medvédev efectuó esta semana una visita sorpresa a la concurrida estación de tren Kíevskaya, donde no pudo encontrar ni un solo agente de policía patrullando por el vestíbulo.
Los agentes del FSB “no deben pasear y tomar té, sino trabajar como es debido”, señaló un molesto Medvédev, que estaba acompañado por el jefe del FSB, Alexandr Bórtnikov, en el punto de mira de la prensa desde el ataque suicida.
Medvédev recordó que la coordinación de las medidas de seguridad en las redes de transporte son responsabilidad del Servicio Federal de Seguridad, órgano que siempre ha contado con el respaldo de Putin, antiguo agente del KGB y ex director del FSB.
Según el diario “Nóvaya Gazeta”, la guerrilla islamista norcaucásica tienen un liderazgo débil y apenas recibe financiación exterior, lo que no impide que el FSB sea incapaz de prevenir sus acciones terroristas.
Esta semana también pareció que se acabaron los tiempos en que el gigante gasístico Gazprom, el buque insignia de las corporaciones estatales rusas, podía gestionar a su antojo los recursos energéticos del país y las redes de transporte.
“Gazprom pone sus intereses por delante de los intereses de la industria gasística, lo que es un freno para la economía. Y ustedes saben que esto es así”, aseguró Putin durante una reunión sobre los resultados del sector energético en San Petersburgo.