El primer ministro Ariel Sharon, que trata de apaciguar una revuelta de los intransigentes de su propio partido Likud, enfrentaba ayer un nuevo reto cuando una televisora israelí lo acusó de haber violado las leyes de financiamiento de su campaña electoral.
Durante su reciente viaje a Nueva York, Sharon acudió a una cena cuyos asistentes debieron contribuir $10,000 por pareja a la campaña de reelección, posiblemente excediendo el límite israelí de $7,800por donante.