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Armas químicas y biológicas: un mal que trae la guerra


Hoy, el mundo está amenazado por una nueva guerra que de una u otra manera afectará a los habitantes de este planeta, principalmente a sus actores, Irak y Estados Unidos, quien junto a Gran Bretaña y España, está próximo a iniciar una acción bélica que conllevará al uso de armas químicas y biológicas. Con el objetivo de que nuestros lectores conozcan un poco más de estas, El Panamá América les presenta el siguiente trabajo.
Ya en la Antigüedad, los militares estuvieron fascinados por el poder de las armas biológicas. En la época clásica y durante la dominación romana, los Ejércitos tenían especialistas en envenenar las fuentes de agua potable de las que se abastecían las ciudades, e incluso en algunas ocasiones se llegaron a introducir en ciudades asediadas vasijas con humores de enfermos de cólera, peste o lepra, con la esperanza de que la epidemia acabase con las fuerzas de los defensores.
Este procedimiento militar volvió a ponerse de moda durante los siglos XVIII y XIX, en que los colonos europeos aniquilaron a poblaciones enteras de nativos de los otros continentes, de forma voluntaria o involuntaria, al introducir la sífilis, la gripe, la viruela o el tifus, armas más efectivas que el acero o la pólvora.
Tras el uso intensivo de las armas químicas durante la Primera Guerra Mundial, durante la Segunda también se hicieron algunos intentos de emplear armas biológicas. Se sabe que el Ejército británico lanzó como prueba gran cantidad de esporas del bacilo del ántrax sobre una pequeña isla escocesa, habitualmente desierta, llamada Gruinard.
El éxito fue tal que todavía en 1979 los soldados del Ejército británico tenían que hollar el suelo de la isla con trajes protectores, a fin de evitar la peligrosa infección del bazo que produce el ántrax y que generalmente lleva a la muerte.
Entre 1940 y 1944, los japoneses fueron mucho más lejos en la aplicación de armas biológicas. Por primera vez en la historia se bombardearon, en la campaña contra Corea y Manchuria, 11 ciudades chinas con bombas que contenían material contaminado por peste y tifus. La cifra de muertos que produjeron estas armas biológicas entre la población civil nunca ha sido revelada. En campos de concentración de prisioneros de guerra, los japoneses inyectaron a tres mil cautivos chinos, mongoles, británicos, americanos y coreanos, soluciones con principios activos de diversas enfermedades epidémicas; como mínimo unos mil prisioneros fallecieron en estos experimentos.
Tras la Segunda Guerra Mundial, en los años 50 y 60, el Gobierno de los Estados Unidos instaló en el Estado de Maryland un complejo de laboratorios militares conocido como Fuerte Detrick. En abril de 1972, se firmaba el Acuerdo Internacional sobre Armas Biológicas, que prohibía el desarrollo, fabricación y almacenamiento de armas biológicas con fines bélicos.
Hasta la fecha, aparte de EU, Gran Bretaña y la ex URSS, han firmado dicho acuerdo casi 130 estados de todo el mundo. De esta forma, a principios de la pasada década parecía que la humanidad iba a verse libre de este tipo de armamento.


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113121
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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