La explosión de un coche bomba destrozó ayer una base de la policía militar italiana en el pueblo iraquí de Nassiriya y causó la muerte de al menos 18 italianos y nueve iraquíes.
Los italianos muertos fueron 12 carabineros de la policía militar, cuatro soldados del Ejército y dos civiles, informó en Roma el ministro de Defensa de Italia, Antonio Martino, a la cámara baja del parlamento. Indicó que al menos 20 italianos resultaron heridos.
En Bagdad, la ciudad fue sacudida ayer por fuego de morteros y los militares estadounidenses indicaron que eran parte de una operación contra guerrillas responsables de ataques contra tropas norteamericanas.
Un portavoz aseguró que la operación tenía lugar en un sitio conocido por ser un punto de encuentro de guerrillas.
La explosión en Nasiriya arrancó la parte delantera del edificio de concreto en la orilla del río Eufrates, incendió varios autos y provocó una gran columna de humo negro.
El director del Hospital General de Nasiriya informó que la explosión mató a por lo menos nueve iraquíes e hirió a más de 80.
La explosión destrozó ventanas a cientos de metros de distancia. Varias casas vecinas a la base resultaron dañadas y decenas de iraquíes heridos fueron llevados a los hospitales.
Las Tropas de una División blindada del Ejército de Estados Unidos llevaron ayer a cabo una operación en el sur de Bagdad para "destruir una instalación donde se congregan efectivos" enemigos, indicó un portavoz del Pentágono.
El atentado, calificado por el Papa Juan Pablo II como un "vil ataque" contra una misión de paz, fue el más sangriento en Irak desde agosto.
Previamente, en ese mismo mes, un suicida mató a 22 personas en un ataque contra los cuarteles generales de las Naciones Unidas en Bagdad.
Las muertes de ayer fueron las primeras en un ataque contra integrantes no británicos de la fuerza multinacional que opera en el sur de Irak.
El primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, aseguró que su país no sería intimidado por el atentado.
"No seremos intimidados y nadie puede apartarnos de nuestro compromiso de ayudar a ese país a levantarse de nuevo y a reconstruirse para autogobernarse y darse libertad y seguridad", dijo Berlusconi en un comunicado.
Los ataques en Irak han causado la muerte a por lo menos 154 soldados estadounidenses y 12 británicos desde que se declaró el fin de los combates principales, el 1 de mayo.
Berlusconi recibió las condolencias de numerosos líderes mundiales que condenaron, entre ellos el presidente George W. Bush, el Papa, José María Aznar, Tony Blair, y el presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi.
Estados Unidos busca revisar sus planes para la transición política en Irak, pero se encuentra acorralado entre una situación cada vez más difícil en el terreno, crecientes críticas a domicilio y divisiones internas en el seno de la administración en Washington.
El gobierno del presidente George W. Bush parece todavía ser presa de divisiones internas en ese tema, y ninguna de las opciones para revisar su estrategia ofrece una salida fácil, según analistas estadounidenses.
La visita relámpago a Washington del administrador civil para Irak, Paul Bremer, le permitió hacer presión sobre el consejo de gobierno transitorio iraquí, cuya lentitud y divisiones inquietan a los dirigentes estadounidenses.
La administración Bush está tan irritada que no esconde su voluntad de reducir su compromiso en Irak, en el plano militar en particular, una estrategia que impide en paralelo a los iraquíes un control mayor de sus asuntos y de su seguridad.
Los responsables estadounidenses comenzarán a explorar los postulados defendidos por los franceses, los alemanes y los rusos, contrarios a la guerra, hasta ahora rechazados y considerados "irreales" por Washington.
"Claramente, la administración reconoce que tiene un problema en Irak, que la situación continúa deteriorándose, y el debate es sobre la mejor manera de responder" a esto, estima Kenneth Pollack, del Instituto de estudios internacionales Brookings.
Los últimos sondeos que muestran un apoyo minoritario a la política iraquí del presidente Bush, a un año de la elección presidencial, han dado la señal de alarma a la Casa Blanca.
Pero la respuesta no es unánime. "Algunos en la Casa Blanca creen que la mejor manera de actuar sería decretar la victoria y partir antes de las elecciones, mientras que otros aseguran que el presidente debe cumplir sus promesas de estabilizar el país", destaca Pollack.
La mejor opinión consiste en permanecer el tiempo que haga falta para "construir una democracia de arriba a abajo", de preferencia bajo la supervisión de la ONU, pero con el riesgo de tener que enfrentar a largo plazo un contexto de seguridad difícil, continúa Pollack.
Bathsheba Crocker, del Center for Strategic and International Studies, (CSIS), estima que las preocupaciones serán también a corto plazo.