Presuntos rebeldes chechenos realizaron ayer un ataque suicida con dos vehículos cargados con una tonelada de explosivos contra la sede del gobierno local en Grozny, matando al menos a 46 personas.
Dos enormes explosiones se registraron con un intervalo de un minuto, destrozando un edificio gubernamental de cuatro plantas, numerosos automóviles oficiales y lanzando escombros sobre una amplia área.
Los rebeldes chechenos tomaron en octubre a unas 800 personas como rehenes en un teatro de Moscú. El ingreso de tropas especiales rusas para liberar a los cautivos provocó la muerte de 41 rebeldes y 129 rehenes. Los rebeldes luchan por la independencia de Chechenia, una de las repúblicas rusas mayoritariamente musulmana, y quieren la salida de las tropas de Moscú.
Imágenes de televisión mostraron cuerpos esparcidos en los alrededores, mientras pequeños grupos de oficinistas y personal de seguridad, sangrando por heridas en la cabeza, se tambaleaban caminando hacia los centros de atención médica.
El viceministro de Emergencias de Rusia, Gennady Korotkin, dijo a la televisión rusa que el más reciente recuento de víctimas por las explosiones llegaba a 46 muertos y 76 heridos. Según funcionarios, la fuerza de la explosión, que dejó un cráter de unos seis metros de profundidad, fue producto de más de una tonelada de TNT.
Aunque ningún grupo se adjudicó de inmediato la responsabilidad del ataque, los funcionarios responsabilizaron al presidente checheno, Aslan Maskhudov, derrocado cuando las tropas rusas regresaron a Chechenia en 1999, tres años después de salir de la república. El ataque en Grozny pareció dirigido a desmentir las afirmaciones rusas de que la vida está retornando a la normalidad en Chechenia.
El presidente ruso, Vladimir Putin, planea realizar un plebiscito en marzo sobre un acuerdo político que mantendría a la república de Chechenia dentro de Rusia, pero los rebeldes parecen determinados a seguir combatiendo.