El Papa Juan Pablo II se sumó ayer al coro de protestas por la profanación de al menos 50 tumbas en un cementerio judío de Roma, mientras las familias comenzaban el doloroso trabajo de reparar los daños.
"No tengo palabras, esto es simplemente espantoso", dijo un hombre, con sus ojos llenos de lágrima, de pie ante una tumba profanada. "Ellos trataron de incendiar la tumba de mi padre, que afortunadamente no fue muy dañada. Ni siquiera los muertos tienen paz", expresó.