El atentado con coche bomba que causó seis muertos y 42 heridos en la ciudad de Buenaventura, el más grave de los ocurridos en Colombia en los últimos años y cuya autoría se desconoce, ensombreció la campaña para las presidenciales de mayo, y cuando además se espera la liberación de dos rehenes de las FARC.
La fuerte explosión, que generó escenas dantescas en el centro de esta ciudad portuaria del Pacífico, con cadáveres y heridos esparcidos entre las construcciones destruidas, se registró hacia las 09.25 hora local frente a la Alcaldía y la Fiscalía.
Mientras, fuentes militares y gubernamentales acusaron a la milicia urbana “Manuel Cepeda” de las FARC del atentado, la Fiscalía tiene otras dos hipótesis que apuntan al grupo paramilitar “Los Rastrojos” y a guerras entre narcotraficantes.
Las primeras investigaciones apuntan a que el vehículo, con 40 kilos de explosivo, fue activado al paso de un automotor policial, por lo que un uniformado murió y varios resultaron heridos.
El gobernador del departamento del Valle del Cauca, Juan Carlos Abadía, aseguró que Buenaventura “en los últimos dos años venía registrando una disminución importante en los indicadores de violencia (...) pero hechos como este son un traspié”.
Abadía vinculó a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) al ataque, al asegurar que el objetivo era desestabilizar el proceso electoral que desembocará el 30 de mayo en las presidenciales, cuando se celebrará la primera vuelta para designar al sucesor del actual mandatario, Álvaro Uribe.
“Esos bandidos necesitan generar actos terroristas que generen distracción, se avecina un proceso electoral presidencial y pretenden desestabilizar el país, generar un ambiente de miedo y zozobra porque Buenaventura es el principal puerto del país”, agregó.
“Es un hecho lamentable. Seguramente, las FARC cometieron este acto terrorista”, anotó, por su lado, el comandante de las Fuerzas Militares, general Freddy Padilla.
Pero el Fiscal General, Guillermo Mendoza, tiene más hipótesis: los autores podrían haber sido las FARC o el grupo paramilitar “Los Rastrojos”, que se habría vengado del reciente decomiso de un alijo de cocaína, e incluso pudo obedecer a “vendettas” entre narcotraficantes.
“Por el lugar que se colocó la bomba, deja la impresión de que se trató de una retaliación contra la Policía y la Fiscalía”, agregó Mendoza sin señalar a un culpable en concreto.
El defensor del pueblo, Volmar Pérez, según recordó, había alertado semanas atrás del riesgo de hechos violentos por la presencia de grupos ilegales en esa ciudad.
Y es que Buenaventura es feudo de rebeldes, paramilitares y narcotraficantes por su estratégica salida al Pacífico, lo que la ha convertido en una ruta importante de la droga que se dirige a México y Estados Unidos.