La explosión de una furgoneta-bomba, atribuida a ETA, causó ayer más de 60 heridos leves en la ciudad de Burgos, en el norte de España, el que las autoridades consideran un “gran atentado fallido” con el que pretendía causar una matanza.
La furgoneta-bomba fue colocada junto al cuartel-residencia de la Guardia Civil, un edificio de 14 plantas en el que a esa hora dormían 120 personas, y cuya fachada quedó destrozada a causa de la potente explosión.
La organización terrorista ETA, que busca la independencia del País Vasco y de cuya fundación se cumplen a finales de julio 50 años, no avisó de la colocación del auto bomba que estalló a las 04.00 de la madrugada.
Según el ministro español del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, la potencia de la explosión y la forma cómo se produjo muestran que se trató de “un gran atentado fallido”, que buscaba sin “ninguna duda” víctimas mortales “en un lugar donde dormían casi 120 personas”.
Por ello consideró este atentado “especialmente canalla” al ir dirigido no sólo contra los agentes de la Guardia Civil, sino contra sus familias.
Según fuentes de la investigación, la furgoneta-bomba estaba cargada con más de 200 kilos de explosivo, que podría tratarse de amonitol, de efecto devastador, y utilizado por la banda en al menos cuatro ocasiones desde el año 2008.
La explosión, dejó un enorme cráter de siete por dos metros, causó daños en siete de las 14 plantas de las dependencias del cuartel-residencia de la Guardia Civil.