Al menos 60 personas murieron y otras 150 resultaron heridas en el atentado más sangriento ocurrido en Irak en lo que va de año, perpetrado por un suicida contra un centro de reclutamiento de la Policía iraquí en Tikrit.
Según fuentes de la Policía, el suicida detonó la carga de explosivos que llevaba adosada al cuerpo dentro del edificio donde se congregaban numerosos voluntarios para ingresar en el cuerpo de seguridad.
El primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, amenazó con "pedir cuentas" a los miembros de los cuerpos de seguridad que no impidieron "el derramamiento de sangre de inocentes y jóvenes valientes que acudieron al llamamiento de servir a su patria y defender su seguridad y estabilidad".
En un comunicado difundido por su oficina, señaló: "La repetición de esos crímenes brutales indica un claro descuido por parte de los organismos competentes".
"Por ello, seguiremos la situación con toda seriedad hasta que identifiquemos a los negligentes o la causa de esta penosa tragedia", subrayó el jefe del Gobierno.
Blanco.
Este tipo de centros de reclutamiento ya han sido blanco de atentados en varias ocasiones.
En agosto del año pasado, medio centenar de reclutas del Ejército murieron en un ataque similar contra un centro de alistamiento en Bagdad.
En aquel momento, las autoridades iraquíes aseguraron que las precarias medidas de seguridad en torno al edificio habían facilitado el atentado.
En esta ocasión, el ataque se produce al día siguiente de que Al Maliki asegurara que Irak ya tiene experiencia en la lucha antiterrorista y ofreciera ayuda a países donde la red Al Qaeda planee lanzar ataques.
Además de ser el más sangriento del año, el atentado es el más grave desde que el pasado 21 de diciembre el Parlamento iraquí ratificó el nuevo Gobierno de Al Maliki, lo que dio por cerrado un vacío de poder que se prolongaba desde las elecciones del marzo pasado.
Sin embargo, el nuevo Ejecutivo no cuenta aún con los ministros de Defensa e Interior, cargos que ocupa temporalmente Al Maliki.