Un camión cargado con explosivos estalló ayer junto a un complejo gubernamental en el norte de Chechenia y lo destruyó totalmente, causando la muerte de al menos 41 personas, incluyendo a seis niños, en un ataque que el presidente Vladimir Putin calificó como un intento de frustrar los intentos de hallar una solución política para la guerra de más de tres años y medio. La mayoría de las víctimas eran empleados gubernamentales que habían vuelto al trabajo después de las fiestas de mayo, dijeron funcionarios de emergencia.
La explosión, que tuvo una fuerza de por lo menos 1.2 toneladas métricas de TNT, destruyó totalmente el edificio de la administración regional en Znamenskoye y dañó gravemente un edificio de oficinas de dos pisos del Servicio Federal de Seguridad, la agencia de inteligencia que dirige la campaña rusa en Chechenia. Seis casas residenciales también fueron reducidas a escombros por la explosión, dijeron los funcionarios.
La televisión rusa transmitió imágenes donde se veían montones de escombros donde una vez hubo edificios. Uno de los edificios había perdido sus muros y podían verse los muebles. La televisora TVS dijo que la explosión cortó el suministro eléctrico y de agua en toda la ciudad. El Ejército bloqueó el área donde los trabajadores de rescate buscaban entre los escombros y los residentes ansiosos trataban de saber algo sobre sus familiares.
Nadie se adjudicó la responsabilidad del atentado pero los funcionarios culparon de inmediato a rebeldes chechenos, que a pesar de ser pocos y no tener muchas armas siguen causando bajas diariamente a las fuerzas federales. El vicefiscal general ruso Sergei Fridinsky dijo, según la agencia ITAR-Tass, que tres atacantes suicidas, incluida una mujer, perpetraron el atentado. Ajmad Kadyrov, jefe del gobierno checheno apoyado por Moscú, dijo que el ataque pareció ser un esfuerzo de los rebeldes para mejorar su posición ante los ojos de la población.