El primer ministro palestino designado, Mahmoud Abbas, partidario del fin de la violencia, se enfrentó ayer a su primer desafío: un atentado suicida cometido en Israel poco después de que se llegara a un acuerdo sobre la composición de su gobierno.
El atentado, perpetrado en los accesos a la estación de tren de Kfar Saba, en el norte de Tel Aviv, causó la muerte de un israelí, el vigilante Alexandre Kostiuk, de 23 años, originario de la extinta Unión Soviética. El ataque, que provocó heridas a otras 13 personas, de las cuales dos permanecían en estado grave, costó también la vida a su autor.
La perspicacia del vigilante permitió evitar una masacre ya que Kostiuk sospechó del kamikaze, Ahmed Khaled Khatib, de 18 años y se abalanzó sobre él para evitar que entrara en la estación, según versión facilitada por la Policía israelí.
Por otra parte, dos palestinos resultaron muertos este jueves por los disparos de soldados israelíes que apuntaron contra una multitud de jóvenes que les lanzaban piedras en Ramalá, en Cisjordania.
Con estas muertes ya son 3,177 el número de fallecidos desde que comenzó la Intifada, a finales de septiembre de 2000.