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Atentado terrorista en Yakarta


El coche bomba que estalló ayer en un hotel del distrito financiero de Yakarta ha causado al menos 14 muertos y 150 heridos, en un atentado que la Policía indonesia ha relacionado con el ataque terrorista de Bali del pasado octubre.
"La bomba en el hotel Marriott es similar a las bombas de Bali", dijo a los periodistas el jefe de la Policía Nacional, general Dai Bachtiar, en referencia a los atentados que, el pasado octubre, causaron 202 muertos y más de 350 heridos en la turística isla.
Aquellos ataques fueron atribuidos a la organización extremista Yemaah Islamiya, considerada el brazo de Al Qaeda en el Sudeste Asiático, aunque las autoridades indonesias han advertido que aún es demasiado pronto para responsabilizar a ese grupo del atentado.
La potente bomba que estalló a mediodía en Yakarta estaba colocada en un todoterreno "Toyota Kijang", que hizo explosión cerca a la entrada del lujoso hotel JW Marriott, de cinco estrellas y frecuentado por hombres de negocios, en su mayoría extranjeros.
El establecimiento pertenece a una cadena estadounidense, por lo que el vicepresidente indonesio, Hamzah Haz, no descartó que el objetivo de los terroristas fuera "destruir intereses de Estados Unidos".
En la zona donde se produjo el atentado, acordonada y cerrada al público tras la explosión, hay edificios de oficinas y apartamentos, además de varias delegaciones diplomáticas.
Entre los fallecidos habría al menos dos extranjeros, un ciudadano holandés y un singapurés, según la agencia estatal Antara, aunque aún reina cierta confusión sobre el número de víctimas y su identidad.
Fuentes sanitarias aseguraron que entre los heridos figuran al menos un estadounidense, un australiano, un neozelandés, un libanés, una malasia y otro singapurés.
El atentado se produce sólo dos días antes de que un tribunal indonesio dicte sentencia contra Ali Amrozy, uno de los principales acusados del atentado de Bali, y que podría ser condenado a la pena de muerte.
Amrozy, quien durante el juicio se mostró jovial y en ocasiones desafiante, anunció durante un breve encuentro con periodistas el pasado mayo que "habrá más bombas" y manifestó no arrepentirse de nada.
La mayoría de los cristales de las ventanas del edificio de 33 pisos quedaron rotos, mientras enormes lenguas de fuego y espesas nubes de humo negro salían del vestíbulo.
Horas después del estallido el aire seguía impregnado de olor a humo y a materiales quemados. Escombros del vestíbulo del hotel quedaron esparcidos en toda el área, donde numerosos automóviles se incendiaron. En las tiendas y cafeterías aledañas al hotel los cristales de las ventanas quedaron también destrozados por la onda de la explosión.
El estallido se produjo cuando miles de trabajadores salían de sus oficinas para ir a almorzar o para dirigirse a la mezquita más cercana a orar. La explosión coincidió con juicios notables en Indonesia de militantes islámicos sospechosos de haber puesto bombas, incluido el influyente clérigo musulmán Abu Bakar Bashir, acusado de dirigir al grupo Yemaah Islamiya que ha sido culpado de varios ataques contra objetivos occidentales en el país. La presidenta de Indonesia, Megawati Sukarnoputri, visitó el sitio anoche, pero no hizo comentarios a la prensa.
El gobierno de EU condenó ayer enérgicamente el atentado que calificó de "vergonzoso ataque terrorista contra civiles inocentes", y ofreció ayuda a Sukarnoputri, para que no quede impune.
Por su parte, el secretario general de la ONU, Kofi Annan, condenó con firmeza el atentado y expresó sus condolencias a las familias de las víctimas. Dirigentes asiáticos y europeos también expresaron ayer su repudio por el ataque.


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101 años de Panamá América

 
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