Ayer, cinco iglesias de Bagdad fueron blanco de una serie de ataques simultáneos que no ocasionaron víctimas pero que han impactado a la minoría cristiana, mientras que la ciudad rebelde de Faluya seguía rodeada por el Ejército estadounidense y las fuerzas gubernamentales iraquíes.
Varias bombas artesanales explotaron cerca de cinco iglesias de la capital iraquí, ocasionando importantes daños en los edificios. Uno de ellos quedó totalmente destruido por el fuego, aunque no hubo víctimas.
Estos ataques, preocupan a la pequeña minoría cristiana, unas 700,000 personas, cerca del 3% de los 24 millones de iraquíes que ya fue blanco de otros seis atentados el 1 de agosto pasado en Bagdad y Mosul, en los que murieron 10 personas y 50 resultaron heridas.
¿Si el gobierno es impotente qué podemos hacer?, se preguntó monseñor Emmanuel Delly, el patriarca caldeo, resumiendo la frustración de su comunidad, que se ha negado a jugar el juego de la disensión.
El patriarca, aseguró que los católicos iraquíes no abandonarán el país, porque dijo, "es nuestra tierra y debemos permanecer para construir la paz".
"Somos todos iraquíes y en tanto que tales, sufrimos cuando ciudades (musulmanas) como Faluya, Samarra y Nayaf son bombardeadas. Cristianos y musulmanes vivimos en un mismo país desde hace centenares de años sin discriminación", aseguró a la AFP Hekmat Batti, un ingeniero cristiano.
"Los terroristas tienen un único objetivo: atizar el odio en el seno de la sociedad iraquí. Pero no podrán resquebrajar nuestra unidad", declaró Yunadam Kanna, representante cristiano del Consejo Nacional (Parlamento provisional).
Su colega sunita Dara Nureddin también está indignado por este nuevo ataque y denunció, en una declaración a la AFP, que se trata de un "intento de dividir a la población".
El primer ministro iraquí, Iyad Allaui, prometió el miércoles que va a mostrar a los miembros del Consejo Nacional documentos sobre las actividades de los "grupos terroristas" que quieren "fomentar la división confesional y étnica en Irak".
Los comercios de los miembros de esta comunidad minoritaria que representa un 3% de los 24 millones de iraquíes, que controlan prácticamente la venta de alcohol en Bagdad, también han sido objeto de numerosos ataques.
También son objetivo privilegiado de las bandas criminales, que atraídas por las reputación de riqueza de esta comunidad, secuestran a los miembros de las familias para pedir rescates.
Estas bombas han reforzado los temores de la ONU, respecto a enviar más personal a Irak para ayudar a preparar las elecciones, señaló un portavoz del organismo.
La ONU retiró todo su personal del país el pasado año y ahora tiene sólo 35 personas.