La Convención Demócrata en la que el aspirante a la Casa Blanca John Kerry aceptó formalmente su designación sirvió sobre todo para descubrir a una controvertida y atípica aspirante a primera dama de EU, Teresa Heinz, heredera del "imperio del ketchup" y descrita como inteligente, impulsiva y muy celosa de su independencia.
Teresa Heinz ha sido el gran descubrimiento en la pasada Convención Demócrata celebrada en Boston. Pocos días antes había dado ocasión al país a dividirse entre quienes la apoyan o la reprochan por su enfrentamiento con un periodista de un diario conservador de Pittsburg, quien le preguntó insistentemente sobre el sentido del calificativo "antiamericano" que la esposa de Kerry había incluido en un discurso.
Lo que hizo Heinz dio honor a su fama de no morderse la lengua. Se encaró con el reportero para reprocharle: "Usted dijo algo que yo no dije. Ahora trágueselo (Now shove it)", una expresión que puede ser muy descortés pero no vulgar, hasta el punto de que ha sido emitida repetidamente sin "censura" en la tradicionalmente puritana televisión estadounidense.
Al final, acabó hablando de sí misma. Vestida con un traje de un rojo atrevido que recordaba los tiempos de Nancy Reagan, Teresa, elogió a las cualidades de su marido para ser el próximo presidente de EU.
Dado su carácter, su personalidad y preparación coincide más con el perfil de lo que representó Hillary Clinton como primera dama que la actual, Laura Bush.
Desconocida para el gran público antes de que su marido anunciara su candidatura, se ha convertido desde entonces en una figura controvertida, que para unos es "arrogante" y para otros es "espontánea y franca".
Entregada ahora a la causa demócrata, no abrazó el partido de su esposo sino hasta hace dos años, indignada por las acusaciones republicanas de poco patriota al ex senador demócrata Max Cleland, que perdió las dos piernas y un brazo en Vietnam.
Elegante y con un ligero acento extranjero, ella afirma de sí misma: "soy pícara, soy sexy, lo que sea. Tengo mucha vida dentro de mí".
Sin duda, el perfecto contrapunto para un candidato que, hasta ahora, no ha conseguido sacudirse su fama de farragoso y aburrido.