Reducir la velocidad, utilizar biocombustibles, modernizar la flota, buscar rutas aéreas más cortas y hasta limitar el tamaño de los catering son algunas de las medidas que barajan las compañías aéreas para conseguir aminorar los costes y los impactos ambientales derivados del consumo de combustible.
Aunque la reforma aprobada en julio por el Parlamento Europeo no les hace ninguna gracia, todas las aerolíneas llevan años ideando y poniendo en práctica , sistemas para consumir menos combustible y emitir menos CO2.
Compañías norteamericanas como Southwest Airlines o JetBlue Airways han sido pioneras en rebajar la velocidad. Prevén un ahorro de 42 millones de dólares en 2008, sólo para la primera.
Las consecuencias de aplicar estas medidas en vuelos interiores no parecen molestar mucho a los viajeros, ya que la media de aumento en la duración de cada trayecto está entre uno y tres minutos.
Otras compañías calculan que para vuelos más largos (Minneapolis-París, por ejemplo) el tiempo añadido puede llegar a los 8 minutos y el ahorro de combustible a los 613 litros, es decir, algo más de media tonelada de dióxido de carbono (CO2). Lo que ninguna compañía ha sido capaz de cuantificar por el momento, es el impacto en el precio de los billetes.
Velocidad y ahorro.
Aerolíneas españolas, como Iberia, también están trabajando en aplicar el trinomio reducción de velocidad-ahorro de combustible-menos emisiones. Fuentes de la compañía calculan que en el caso europeo y español el aumento de los vuelos no puede superar los cinco o seis minutos, porque se perderían conexiones.
Las medidas que aplican en España , tanto Iberia como Air Europa y Spanair , están centradas en la renovación de sus flotas, que en algunas ha supuesto rebajar el gasto de combustible un 27.3% entre 2001 y 2007.
La intención de Iberia es alcanzar en 2008 una eficiencia energética de 4 litros de queroseno por pasajero cada 100 kilómetros. De nuevo, aparte de las cuentas de las compañías, el principal beneficiario es el medio ambiente, que se libra de 3,15 kilogramos de CO2 por cada litro ahorrado.
Para Felipe Navío, presidente de la Asociación Española de Compañías Aéreas (AECA) "la reducción de velocidad no conlleva riesgos de seguridad y a veces, ni tan siquiera se aumentan los tiempos de vuelo, siempre y cuando, los aeropuertos faciliten las operaciones de despegue y aterrizaje y las autoridades mejoren el control y tráfico aéreo".
Sabías que.
Los aviones suponen un 3% de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) en la UE, según el informe "La aviación y la atmósfera global" del Panel Intergubernamental de Cambio Climático. Aunque no parezca una proporción relevante, hay que tener en cuenta que aumentará de forma considerable en los próximos 50 años hasta representar, según algunas previsiones, el 15% del total de emisiones.
El CO2 aumenta los niveles de ozono en las capas más bajas de la atmósfera.
Los aeropuertos deberán mejorar sus sistemas de control de tráfico aéreo.