Michelle Bachelet quiere volver a gobernar Chile y tiene buenas posibilidades de lograrlo si se imponen la lógica de los votos de la primera vuelta y las encuestas, que la dan como gran favorita para ganar este domingo la segunda ronda de las elecciones presidenciales.
Pero la Bachelet que roza nuevamente el poder no es la misma que habitó el Palacio de La Moneda entre 2006 y 2010. Es distinta y ella misma lo reconoce.
“Dentro de mí algo cambió. Ya fui presidenta y eso te da una parada distinta, un mirar las cosas que no va a ser nunca igual que antes”, declaró al poco tiempo de retornar a Chile tras dirigir durante más de tres años la agencia ONU Mujeres.
Sonríe menos, guarda más silencios y permanece rodeada de un estrecho “círculo de hierro”.
La nueva Michelle Bachelet se muestra más decidida a impulsar grandes cambios en un país menos tolerante con la desigualdad.
Con un programa que ha despertado duras críticas de la derecha gobernante, Bachelet quiere reemplazar la Constitución heredada de la dictadura de Augusto Pinochet, garantizar educación gratuita y de calidad y subir los impuestos a las empresas del 20% al 25%.
La propia candidata ha reconocido que su proyecto es ambicioso, pero tiene a su favor una gran popularidad y los buenos resultados que la Nueva Mayoría obtuvo en las parlamentarias celebradas el pasado 17 de noviembre.