La consejera de seguridad nacional de la Casa Blanca Condoleezza Rice, defendió ayer la política antiterrorista de la administración Bush, admitió fallas de los servicios de inteligencia y afirmó que que ni siquiera una "bala de plata" o solución que hubiese logrado evitar los atentados de Al Qaeda del 11 de septiembre de 2001.
"Trágicamente, antes del 11 de septiembre, este país simplemente no estaba en pie de guerra", según Rice en su testimonio público bajo juramento ante la comisión encargada de investigar estos atentados.
Aseguró sin embargo que el presidente estadounidense George W. Bush comprendió la amenaza que implicaba Al Qaeda apenas asumió el cargo en 2001 y afirmó que Irak no era en ese momento una prioridad en la agenda de su política exterior.
La consejera y amiga personal de Bush señaló también que los gobiernos precedentes desde comienzos de la década del 80 no tomaron suficientemente en serio las amenazas terroristas, hasta que se produjeron los devastadores ataques en los que murieron unas 3,000 personas en Nueva York, Washington y Pensilvania.
"Por más de 20 años, la amenaza terrorista fue creciendo y la respuesta de Estados Unidos a través de varias administraciones de ambos partidos fue insuficiente", señaló Rice en el Congreso, frente al cual se concentraron centenares de personas para escuchar el testimonio.