C on un espacioso terreno rodeado de árboles y sus aulas un tanto desgastadas, no hay nada inusual acerca de la escuela secundaria de Kampang.
Está situada en la empobrecida Tailandia nororiental y la mayoría de sus alumnos son hijos de agricultores.
Cada mañana, a las 8:00 a.m., se reúnen fuera del edificio para entonar el himno nacional y observar el izamiento de la bandera.
Luego de esta ceremonia tienen la oportunidad de ir a los sanitarios antes de encaminarse a la primera clase del día.
Kampang se siente orgullosa de sus baños que, inmaculados y rodeados de florecientes plantas tropicales, se han adjudicado premios nacionales
por su limpieza.
Pero hay algo más acerca de estos baños. Entre los de las señoritas y los muchachos hay una puerta intermedia con un signo que muestra una figura mitad mujer y mitad hombre en rojo y azul.
Es el baño para los transexuales. Desde afuera se puede ver frente a los espejos algunos chicos decididamente afeminados arreglándose el pelo y aplicándose crema en sus rostros.
"Incómodas".
El director de la escuela, Sitisak Sumontha, estima que entre un 10% y 20% de los muchachos en cada curso se considera a sí mismo transexual, o sea que se sienten identificados como mujeres.
"Cada vez que iban a los baños de los varones eran objeto de burlas, por lo que comenzaron a usar los baños de las chicas", explica.
"Pero esto hizo sentir incómoda a las muchachas y a estos chicos infelices, algo que comenzó a afectar su rendimiento escolar", añade.
La escuela entonces propuso construir un baño exclusivo para los chicos transexuales, una idea que fue muy bien recibida por todos.
"No es un juego".
Triwate Phamanee es un adolescente de 13 años de cuerpo apenas desarrollado, quien está seguro de que algún día se someterá a una operación de cambio de género.
"No somos muchachos", me dice. "Por lo tanto, no queremos usar el baño de los varones. Queremos que sepan que nosotros somos transexuales".
Vichai Saengsakul, de 15 años, coincide con él.
"La gente necesita saber que la condición de transexual no es un juego. Es la forma en que nosotros vivimos. Y es por esto, que estamos agradecidos con lo que la escuela hizo por nosotros", dice.
Trato normal.
Los chicos transexuales de Kampang tienden a mantenerse siempre en grupo, practicando lo que de algún modo parecen ser exagerados amaneramientos femeninos y por lo general parodiándose entre ellos.
Todavía deben usar uniformes masculinos y aunque el maquillaje no está permitido, algunos logran pasar disimulados con un pequeño toque de lápiz labial y máscara facial.
Por supuesto, a esta edad, cualquier idea de intervención quirúrgica para cambiar el sexo está totalmente descartada: el más joven transgenérico autodeclarado tiene 12 años.
Por lo demás, parecen recibir un trato perfectamente normal por parte de los otros alumnos y los maestros.
Al preguntar al director si estos chicos no son demasiado jóvenes como para tomar decisiones acerca de su género.
Este responde que en sus 35 años de trabajo en el sistema educativo tailandés, encontró a muchísimos chicos de este tipo y nunca cambiaron. Muchos se operan cuando llegan a adultos y otros permanecen como gays.
Especialidad.
Tailandia se hizo famosa por su tolerancia a los hombres transexuales ,los que se pueden ver normalmente en la vida cotidiana del país.
Las operaciones de cambio de sexo se han convertido en una especialidad de la industria tailandesa de la salud y son relativamente baratas. Pacientes de todo el mundo llegan aquí para someterse a este tipo de intervenciones.