La crisis en Irán va más allá de la disputa por los resultados electorales y se ha convertido en una lucha por el equilibrio de poder y la orientación del futuro del país.
La pelea por ese equilibrio se está llevando a cabo detrás de la escena política y a través de la demostración del poder del pueblo, en Teherán y en otras ciudades.
Y puede ir más lejos antes de que alcance una solución.
Ninguna de las partes está cediendo sustancialmente: aunque el poder político y religioso ha insinuado algunas concesiones menores, simultáneamente, reprime a los disidentes y trata de acallar a la prensa extranjera.
Los opositores han desobecedido una y otra vez las advertencias del Ministerio del Interior y han participado en manifestaciones masivas y pacíficas -a veces silenciosas- para pedir que se anulen las elecciones del viernes pasado y exigir nuevos comicios.
Defensa.
El líder opositor, el candidato reformista Mir Hossein Mousavi, ha prometido continuar la campaña de desobediencia civil hasta que se cumplan sus demandas.
Pero está claramente determinado a evitar cualquier tipo de confrontación y provocación que puedan permitir al Gobierno descalificar a los manifestantes y acusarlos de vandalismo.
Aunque se han producido detenciones y episodios violentos, las autoridades también parecen querer evitar un enfrentamiento generalizado que pueda causar más víctimas mortales, y de esta manera hacer que la situación recuerde aún más las escenas e imágenes que acompañaron la revolución que en 1979 los condujo a ellos al poder.
Entre batisdores.
Si la situación continúa sin resolverse, Mousavi y sus seguidores tendrán que encontrar nuevas formas de fortalecer y aumentar su campaña, ante el riesgo de perder ímpetu.
Al mismo tiempo, las autoridades corren otro riesgo: si es contenida, la disidencia podría ganar aún más impulso, aumentar y extenderse a otras ciudades, algunas de las cuales ya han sido afectadas por las protestas.
El líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei - que asumió el cargo en 1989 después de la muerte del fundador de la República Islámica, el ayatolá Jomeini - está en el ojo de la tormenta.
Guardianes.
La llave para la resolución del conflicto está en el Consejo de Guardianes, la institución ultra conservadora que tiene que dar su aprobación al resultado de las elecciones en diez días.
El ayatolá Jamenei también ha pedido al consejo revisar y decidir los reclamos presentados por los tres candidatos perdedores.
Hasta ahora, el líder ha mencionado sólo la posibilidad de un recuento de votos si las denuncias se consideran válidas.