Entre el humo de los gases lacrimógenos y disparos de perdigones, el grito de "No tenemos miedo!" resumió ayer la escalada del desafío opositor en el ardiente asfalto de Caracas, provocando choques con enardecidos oficialistas apoyados por la Policía Antimotines.
Golpes, pedradas y encendidos forcejeos con seguidores del presidente Hugo Chávez, que no arrojaron víctimas, hicieron crecer la tensión cuando la policía de Caracas dispersó bloqueos del llamado "Trancazo de Caracas" organizado para pedir la renuncia del mandatario.
Con un librito azul en la mano, la Constitución de Venezuela, un jefe policial indica a la AFP: "Estamos cumpliendo el Artículo 50" que garantiza el derecho al libre tránsito.
El apoyo al sabotaje del tránsito fue limitado y el ánimo comienza a mermar entre algunos opositores que miran hacia las filas militares con ansiedad a la espera de una nueva disidencia.
"El paro y la protesta en la calle no es suficiente para que tumbemos al gobierno. Falta que llegue un militar que tenga las botas bien puestas para decir a Hugo Chávez ya basta", dice con cierto desencanto y con el rostro fatigado Federico Castellanos, al frente de uno de los tapones.
Pero el fantasma de un alzamiento castrense se esfumaba al anochecer cuando el alto mando del Ejército dijo que la huelga petrolera es un "sabotaje contra el Estado" que será impedido por sus fuerzas.
El el comandante general del Ejército, general Julio García Montoya, dio ayer un espaldarazo a Chávez al condenar el paro general de 15 días que pide la renuncia del mandatario y que ha prácticamente paralizado la vital industria petrolera.
Estados Unidos dijo ayer que apoya la idea de un referendo sobre Chávez, tomando así distancia de los opositores venezolanos que exigen su renuncia inmediata y convocatoria a elecciones anticipadas, lo que viola la Constitución del país.