De una mano, el velo islámico; de la otra, un cinturón cargado de explosivos. Las “viudas negras” del Cáucaso del Norte son el arma preferida por los combatientes islámicos separatistas para luchar contra Rusia.
Algunas son viudas, huérfanas, mujeres que han perdido a hermanos y familiares en la lucha por la secesión de Chechenia.
La táctica de los ataques suicidas se adoptó por primera vez en el año 2000. Dos años más tarde, un grupo integrado por mujeres y hombres perpetró el ataque al teatro de Moscú, que se saldó con 170 muertos.
El velo islámico que vestían algunos de las terroristas fallecidas reveló un cambio en la estrategia de los independentistas.
El año siguiente llegó el primer ataque de mujeres suicidas en un concierto de rock y en 2004 la toma de rehenes en la escuela de Beslán, que terminó con 334 fallecidos.
Uno de los más notorios líderes rebeldes chechenos, Shamil Basayev, quien fue asesinado en 2006, se jactaba de tener un batallón de mujeres suicidas listas para atacar. Según el analista de la BBC Stephen Mulvey, el sucesor de Basayev ha seguido su estrategia.