Las ranas en peligro crítico de extinción pasan sus últimos momentos en una pecera con agua de la que son extraídas, despellejadas y echadas en la jarra de una licuadora junto con trozos de zanahoria, maca y miel de abeja.
Quedan trituradas en dos minutos y el producto es un jugo espeso de color verdoso que se sirve en vasos relucientes.
Los enfermos lo beben con fe porque piensan que estos anfibios acabarán con sus males bronquiales, aunque no existe prueba científica alguna que confirme tales beneficios.