Ascendió al cargo con la reputación de brillante teólogo. Casi ocho años después, deja la Santa Sede con esa reputación intacta. Pero debido a la carga que heredó y a los problemas de su propio pontificado, Benedicto se quedó corto respecto de la meta que él mismo se trazó, de unificar la Iglesia, construir relaciones con otras religiones y restaurar la influencia del catolicismo en el grueso de la sociedad.
He aquí un vistazo a algunos aspectos de su legado:
HERENCIA CRISTIANA: Benedicto dedicó su pontificado a contener la propagación del secularismo, especialmente en Europa, donde la cantidad de personas que acuden a la iglesia ha disminuido. Condenó el matrimonio entre personas del mismo sexo, al argumentar que los géneros se han convertido en algo que se elige en vez de ser un don otorgado por Dios, y dijo que la falta de fe resultaba peligrosa, poniendo como ejemplo la violencia resultante de gobiernos ateos anteriores, que "trataron de eliminar la luz de Dios al atender resplandores ilusorios y engañosos''. Y pese a tales argumentos, la aceptación de las relaciones homosexuales aumentó por toda Europa y Estados Unidos. RESTAURACIÓN DE LA TRADICIÓN: Benedicto XVI deseaba restaurar las tradiciones católicas por mucho tiempo abandonadas durante los cambios modernizadores del Concilio Vaticano II. El Papa relajó las restricciones a la celebración de misas en latín. Agilizó el proceso para los anglicanos tradicionales que, tras objetar la ordenación de mujeres y homosexuales en su propia Iglesia, desearan convertirse al catolicismo. Incluso usó sombreros y otras insignias papales que no se habían empleado en décadas. Muchos jóvenes católicos respondieron positivamente a su énfasis en la ortodoxia y en el fortalecimiento de la identidad católica. Pero muchos otros se distanciaron. Tan solo en Estados Unidos, los estudios han revelado que un gran número de católicos abandona su Iglesia.