El primer ministro Tony Blair obtuvo ayer el respaldo de su Partido Laborista para mantener las fuerzas británicas en Irak, evitando lo que hubiera sido una humillante derrota política.
Aunque el resentimiento por la guerra de Irak sigue latente entre los delegados, Blair salió triunfador de la convención de cinco días del laborismo, y con la mirada puesta en los comicios generales que probablemente tendrán lugar el próximo año.
Los miembros laboristas votaron respaldar abrumadoramente la posición del gobierno de que sus soldados se encuentran en Irak con el respaldo de las Naciones Unidas y el acuerdo del gobierno interino local.
La conferencia efectuada en este centro turístico costero fue considerada un trampolín para las elecciones nacionales, que se espera tendrán lugar en mayo del 2005.