Un nuevo atentado terrorista golpeó ayer el Cáucaso ruso y causó al menos cuatro muertos y decenas de heridos en Ingushetia, al estallar un vehículo con explosivos junto a la sede de los servicios secretos en esa república vecina de Chechenia.
El objetivo de los terroristas fue el cuartel del Servicio Federal de Seguridad (FSB, antiguo KGB) inaugurado en julio pasado en Magás, centro administrativo de Ingushetia, a pocos kilómetros al sudeste de la capital regional, Nazrán.
Un camión cargado con media tonelada de explosivos estalló junto a la sede del FSB, abrió un cráter de tres metros de profundidad y 10 de diámetro, destruyó en parte los tres pisos del edificio, y destrozó vehículos y otros inmuebles en un radio de 200 metros.
Según algunas versiones, el ataque pudo ser llevado a cabo por un terrorista suicida, con una planificación similar a los atentados protagonizados por "kamikazes" en Chechenia y las regiones vecinas en los últimos meses.
Los confusos datos del Ministerio del Interior ingush cifraron en cuatro las personas muertas y 40 las heridas, de las que 24, según fuentes médicas, fueron hospitalizadas en Nazrán y Vladikavkaz, en la vecina Osetia del Norte.
El atentado estuvo a punto de descabezar a los servicios secretos rusos en la zona, pues entre los heridos más graves se encontraban el subdirector para Chechenia del FSB, Mijail Safónov, y el jefe en funciones de ese organismo en Ingushetia, Andréi Buskij.
Precisamente sobre Chechenia se centran las sospechas sobre la autoría del atentado, uno más en la cadena de actos terroristas que ha sacudido en los últimos meses el Cáucaso Norte, desde Daguestán a Osetia del Norte, pasando por Ingushetia.
En anteriores atentados, Moscú responsabilizó a los separatistas chechenes, que incrementaron sus ataques tras el referéndum celebrado en marzo a instancias del Kremlin y en el que, pese a las críticas internacionales sobre su limpieza, se ratificó la permanencia de Chechenia en la Federación Rusa.
El temor del Kremlin es que la ola de atentados se acelere según se acerca el 5 de octubre, cuando se celebran en Chechenia unas elecciones presidenciales consideradas por Moscú clave para la pacificación de la república, donde la guerra ya dura cuatro años.
Al abrir la sesión, el enviado especial de la ONU al Medio Oriente, Terje Roed-Larsen salió en defensa de Arafat, y en una sesión abierta del Consejo de Seguridad dijo que Arafat era el "líder legítimo" de la comunidad palestina.
El embajador israelí ante la ONU dijo que desembarazarse del líder palestino era esencial para reencarrilar la "hoja de ruta" para la paz en el Medio Oriente.
Tras una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU, el representante israelí Dan Gillerman calificó a Arafat como "probablemente el exportador de terrorismo más exitoso del mundo".
El enviado palestino ante la ONU Nasser al-Kidwa salió de la sala cuando Gillerman se dirigió al Consejo de Seguridad en un discurso inusualmente duro contra Arafat. Al-Kidwa posteriormente calificó el mensaje de Gillerman como una "basura".